jueves, 25 de agosto de 2011

De Peter Pan y otros cuentos

Recuerdo que hace algunos días, haciendo zapping en la televisión, encontré que estaban transmitiendo la película de "Peter Pan" y decidí verla porque el protagonista no está nada feo (sí sé que me veo muy asaltacunas, pero es la verdad), así que después de babear un poco me puse a reflexionar con la trama, porque, díganme ¿quién no ha pensado en seguir siendo un niño para siempre, sin otra preocupación, excepto la de divertirse todo el tiempo?. A mí me está sucediendo eso en este preciso momento. O sea, ¿será algo preocupante que, a mis veintitantos años, aún no sepa exactamente lo que quiero hacer de mi vida?, tal vez me vea un poco cínica, pero sinceramente eso de no saber lo que voy a hacer los próximos 10 años no es algo que me robe el sueño hoy, tal vez el día de mañana sea diferente.

Hasta ahora me considero una niña que, tal vez, ha recibido más de lo que se merece y a quien sus papás siempre le han solucionado sus problemas, puede ser que por eso no haya logrado alcanzar la madurez que tienen algunos de mis compañeros y por eso no me preocupe tanto mi futuro. Soy una completa soñadora, pensando que en algún momento mi vida se va a convertir en aquel cuento de hadas donde va a llegar el, tan famoso, príncipe azul. ¡De eso culpo a Disney!, ellos fueron los que metieron esa idea a la cabeza, con sus historias como: Cinderella o Sleepy Beauty hacen creer a las inocentes criaturas que todo en esta vida es posible y, es que, no me dejaran mentir; la primera era la chacha de su propia casa, de pronto la invitan a una fiesta muy elegante, aparece un hada madrina, la convierte en reina de la noche y encuentra a un caballero guapo que le pide que se case con ella y ¡hasta la mantiene!, en cambio yo, me la paso estudiando, trabajando, quemándome las pestañas, pero bueno, pasemos con la segunda, la bella Aurora se la pasó durmiendo la mayor parte de su vida cuando de pronto llega (de nuevo) el joven gallardo y guapo que la despierta con un beso de amor, o sea debió darle un sape por floja. ¡Vaya!, ahora comprendo por qué siempre me la paso durmiendo, lo malo es que a mí si me dan sapes para despertarte, ¡qué triste! =(.  ¡Ah!, pero creo que sería mucho mejor ser como Anastacia, que resultó ser una Romanov. En fin, saqué a colación a estos personajes porque, apoco ¿no es increíble como de la noche a la mañana a las dos se les soluciona la vida?. Pero la realidad es muy diferente, a veces las cosas no salen como en los cuentos de hadas.


De verdad me gustaría volver el tiempo a aquellos increíbles años noventa, cuando era la princesita de papá y mi única obligación era despertar temprano los fines de semana porque sino, no me alcanzaba el tiempo para jugar. Creo que lo que más extraño son esas noches en las que tenía pesadillas y no podía dormir, me dirigía a la recámara de mis papás y les pedía asilo político, no importando si eran las 3 de la mañana, mis papis me recibían con una gran sonrisa y me decían "claro nena, ven, nosotros te cuidamos" y juro que, en ese momento, no había lugar más seguro que estar en medio de ellos. Lo más triste es que nunca me di cuenta de cuándo fue que crecí. C'est la vie!.

Cuando tenía seis años lo que más me preocupaba era ir a la tiendita de la esquina y ver que las papas, los rollos de fresa y los frutsis congelados habían subido de precio y ya no me alcanzaba para comprarlos con los diez pesos que me daba mi papá. Así que regresaba a casa muy triste, pero mi abuelito siempre me decía "ten otros diez, para que te alcance", entonces yo le agradecía con una gran sonrisa. =). Ahora tengo que preocuparme sobre saber cuándo fue la Paz de Westfalia, la Geopolítica, que si el dólar subió, que si se cayó la bolsa; hacer los controles de lectura, preparar las exposiciones y lo peor, mi tema de tesis.


¡Cómo pasa el tiempo! y lo peor es que uno no se da cuenta. Y ahora que mi pequeña hermana está creciendo, y la veo que se esfuerza por verse mayor, que muere por maquillarse o salir con algún niño de su edad, no pierdo la oportunidad de decirle que las cosas llegan en su momento, que disfrute lo que le queda de infancia, porque cuando llega el hora de despedirse de todo eso y aún no se está listo, se vuelve muy complicado saber cuál será el rumbo que tomará tu vida.

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