Siempre había querido que, por lo menos, uno de mis veranos fuera diferente. Parece que se me cumplió, el verano 2011 será uno que jamás podré olvidar. Para empezar, los anteriores siempre me la pasaba diciendo: "si, este año me pongo a buscar trabajo", es que la verdad, a pesar de que eran vacaciones y, al principio, salía con mis amigos o había una que otra fiesta interesante a la cual asistir, llegaba un momento en ya no había nada que hacer, me quedaba aburrida en mi casa, porque la mayoría de mis amigos y familiares se iban del D. F. a disfrutar de la playita o simplemente se iban a relajar a otro lugar.
Fue por eso que, decidí buscar un trabajo que se acoplara a mis "necesidades" y lo encontré. Decidí sacrificar mis vacaciones, fines de semana e, incluso, días festivos. Así conseguía matar dos pájaros de un tiro: por un lado, ya tenía algo en qué ocuparme (ja, como si la escuela no fuera suficiente) y, por otro, tenía dinero y podía comprarme mis lujitos. Mis papás no estaban de acuerdo, porque creían que iba a descuidar la escuela porque me iba a gustar más el dinero, pero tú siempre me apoyaste. Siendo sincera, no fue nada fácil conjugar la escuela con el trabajo, pero poco a poco aprendí a organizarme. A lo largo de mi vida laboral conocí gente nueva, buenos amigos, experiencias de vida, y, aunque no todo ha sido miel sobre hojuelas, siempre se aprende algo nuevo.
Este verano todo fue diferente porque me la pasé trabajando, me perdí algunas fiestas, cumplí años y no lo celebré en grande, pero aún así la pasé increíble con las tres mujeres más importantes de mi vida, pero lo que más me dejó marcada fue tu partida. Aun no lo puedo creer, se me hace un sueño, de esos en los que, cuando despiertas casi no te acuerdas de nada, todo lo ves borroso, pero sabes que, el simple hecho de recordar, duele.
De ahora en adelante, los domingos familiares a los que había renunciado ya no serán los mismos, ya no cruzaras esa puerta, ya no dirás "¿quién tiene ganas de comer pastelito?, no será lo mismo ver aquellos partidos de fútbol sin ti. Tu silla ha quedado vacía, y cada que volteo a verla, siento un hueco enorme en el estómago. En fin, así es la vida; cuando uno menos se lo espera, lo bueno siempre se nos va. No puedo creer que de eso ya pasaron ¡casi cuatro semanas!. El tiempo se ha pasado tan rápido, entre la escuela y el trabajo, tal vez por eso sea que no me cae el veinte. Con decirte que cuando me toca salir tarde del trabajo, aun llego corriendo a buscarte para contarte como me fue, pero al entrar a esa habitación y verla tan vacía, de pronto digo "caray, hasta cuándo me acostumbraré a ya no verte".
Creo que si aun no me hago a la idea, es porque, el hecho de mantenerme ocupada no me ha dejado pensar bien las cosas, he perdido la noción del tiempo, y por eso, cada que recuerdo que no estás aquí, digo: ¡Qué rápido pasó el verano!, ese verano que me dejó cosas buenas y tristezas inigualables.
Hoy decidí dedicarte esta entrada a ti, que siempre estuviste conmigo, que me cuidaste cuando estaba enferma, que me llevabas a la escuela cuando mis papás no podían, que viviste conmigo durante tantos años, que me ayudabas a estudiar para mis exámenes de Derecho, que, cuando llegaba de la escuela, siempre me recibías con una sonrisa, que siempre me dabas sabios consejos. Gracias por todo el cariño y el apoyo que me diste, jamás te voy a olvidar.
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