¿No les ha pasado que, en ocasiones, sostienen esas pláticas domingueras donde, después de un rato, salen a relucir cosas del pasado?, pues a mi me pasó justo hoy. Todo estaba bien, hasta que se hizo un comentario equivocado en el momento menos oportuno. De ahí comencé a sacar cosas que, a pesar de que ya pasaron los años, aun había veces que no me dejaban dormir.
Reclamé, no quería hacerlo. Y, como es lógico, él replicó con ese lenguaje que me cuesta trabajo entender, hizo una pregunta: ¿en verdad somos un instante?. No supe responder. Me quedé pensando, mientras él escribía.
Traía a colación lo mal que me había portado con él, bueno, no tanto así, la verdad es que sólo le bastó con un comentario para hacerme sentir la peor persona del mundo. Y tenía razón, no podía decir nada en mi defensa, no tenía armas para hacerlo. Traté de arreglar mis palabras, pero ya no tenía caso. Las palabras no se pueden borrar así como así, él lo sabía. Las disculpas no servían de nada, lo dicho, dicho estaba y punto.
Él creía que para mí siempre iba a ser esa persona que terminó con una etapa de mi vida por medio de una llamada telefónica y, que a mi parecer, él siempre iba a creer que yo había sido la chica que lo "abandonó" una semana para irse a la playa y hacer de las suyas. Las cosas no eran así, pero es que es tan necio, que no lograba hacerlo entrar en razón. Él se sintió mal y yo, bueno, me sentí peor que una chinche.
Y es que en un instante se pueden perder tantas cosas buenas, una gran amistad por ejemplo. ¡Vaya, jamás creí dedicarle un escrito de nuevo!, pero es que la ocasión lo amerita. Sólo espero que ambos logremos entrar en razón, él para dejar de creer que sabe lo que pasa por mi mente y yo, para poner los pies sobre la tierra y darme cuenta que desde hace tiempo dejamos de ser pareja y hoy sólo quedamos tan amigos como siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario