jueves, 3 de noviembre de 2011

Niña bonita

¿Que si lo recuerdo?, ¡claro que lo recuerdo! es imposible olvidar aquél helado con el sabor más triste que he probado en toda mi vida.

Sabía que algo anda mal desde la última vez que te vi, había algo raro en tí, en tu mirada. Ya no eras aquella persona risueña que yo conocí y a quien tanto amaba. Creí que estabas molesto o que simplemente habías tenido un mal día. No recuerdo con exactitud nuestra última conversación: sólo recuerdo que regresé a mi casa. Eso fue todo, posteriormente partiste. No pude decirte adiós.

Los flash backs son muy borrosos en mi mente, no sé dónde estaba yo exactamente en el momento de tu partida, no sé qué era lo que estaba haciendo, no entiendo qué pudo haber sido tan importante como para no salir y decirte: "Adiós, no tardes que aquí te estaré esperando".

Pasó el tiempo y no volvías, eso era raro. Yo rezaba porque se me permitiera volver a verte, a abrazarte, a escucharte decir: "Mi niña bonita". De pronto, un día sonó el teléfono. Tenía el presentimiento de que esa llamada tenía que ver contigo y no me equivocaba. Creí que por fin podría escuchar esas palabras que hacía tantos días esperaba: "Ya voy de regreso a la casa mi niña bonita", pero no fue así. En lugar de eso, recibí una noticia que me cayó como balde de agua fría.

Escuchar que ya nunca más volverías, me partió el corazón. No puedo siquiera explicar cómo me sentí. No lo podía creer, no lo quería creer. Debía haber algún error. Se hizo un silencio, corrí a mi habitación, subí a mi cama, saqué la foto que guardaba debajo de mi almohada desde aquel día que te fuiste, sí, esa donde estábamos tu y yo. Quise llorar, gritar de rabia, de impotencia, reclamar, sacar de alguna manera ese sentimiento que hacía que me sintiera al borde del desmayo. Era inútil, nada de eso iba a hacer que volvieras a mi lado. Al final sucumbí ante el dolor, poco a poco lágrimas silenciosas cayeron por mis mejillas.

Tocaron a mi puerta, no quise abrir. Lentamente, ella giró la perilla y abrió. Entró. Me dijo que me tranquilizara, que todo iba a estar bien, que había sido lo mejor para ti pero, ¿qué iba a saber ella?. No respondí, es más, hice como si no la escuchara. Al final, agachó la cabeza y salió. Al poco rato decidí bajar de mi cama, me limpié la cara y salí a enfrentar al mundo. No quería ni que me abrazaran, ni que me dijeran nada. Quería estar sola pero, a la vez, acompañada por si el dolor comenzaba a causar estragos en mi.

Las horas se me hicieron eternas y, como es costumbre en estos casos, fui a darte el último adiós. Justo ese que no pude darte en ese momento. Parecías dormir. Tenías un semblante sereno. Al verte ahí, repentinamente brotaron de mis ojos pequeñas gotas de tristeza, pero claro, dejara de ser una orgullosa Palomino para que me vieran llorar, así que las sequé antes de que lo notaran. Enjugué mis lágrimas y en silencio me despedí. A las pocas semanas, llevamos tu cajita a la que se convirtió en tu última morada. No podía entender cómo fue que tantos años de alegrías, risas, sueños, abrazos, palabras de aliento, cupieran en un lugar tan pequeñito.

Debo confesar que, a pesar de que ya pasaron varios años, aún sigo volteando a aquella banquita donde me esperabas todos los días; estabas ahí sentadito esperando verme llegar para cargar mi mochila. A veces volteo a la acera de enfrente para ver si te encuentro tomando el sol como solías hacerlo o, simplemente, levanto la vista hacia aquellas escaleras que quedaron tan solas después de tu partida.

Todo sigue ahí, pero haces falta tú. No hay día que no me pregunte qué estarás haciendo, si pensarás en mi. Me haces mucha falta. Eras la primera persona que se daba cuenta cuando algo andaba mal conmigo; me preguntabas: "¿qué tienes mi niña bonita?, se ven tus ojitos tristes".

Extraño escuchar tu voz, es más, hasta tu olor a delicados es extrañable, tu risa, tu chiflido que me dio el apodo de pichu-pichu.

En noches como ésta, vienen a mi memoria los días en los que ibas a recogerme al kinder, los fines de semana cuando salía contigo y me llevabas a pasear, las divertidas idas al mercado. También tengo presente el día de mis XV años, cuando al bailar, me dijiste: "Mi niña bonita, te ves preciosa. Disfruta mucho este día. Estoy muy orgulloso de ti".

Como ya dije, te extraño. Pero me consuela saber que en algún momento nos encontraremos de nuevo. Te voy a abrazar y estoy segura que me dirás: "Mi niña bonita, yo también te extrañé". Pero mientras eso sucede, seguiré con la ilusión de encontrarte sólo en mis sueños.

No hay comentarios:

Publicar un comentario