domingo, 27 de noviembre de 2011

Un viernes de locos

Como recordarán, dejé de escribir para dirigirme a la super fiesta de Polacas. Bueno, pues resulta que me había quedado de ver con Noel en la glorieta de Insurgentes, se suponía que la cita era a las 4:30, pero, como siempre, llegó tarde. Caminamos hacia el metrobús. Ninguno de los dos traía tarjeta y tuvimos la suerte de encotrarnos con Lalo, quien, muy amablemente nos hizo el favor de prestarnos la suya.

Ya estábamos en camino al festejo cuando, de pronto, él recibió un mensaje de su amiga Esmeralda donde le pedía que le llamara, era urgente. Le llamó. No eran buenas noticias, decía que la fiesta estaba por acabar, que a todos los estaban sacando porque llegó más gente de la que esperaban, en fin, se hizo un caos total. Aun con eso, decidimos llegar al lugar para ver, con nuestros propios ojos, lo que estaba sucediendo.

Al llegar ahí, nos percatamos de que había bastantes chavos; algunos entraban al metrobús, otros salían de él, unos más se dirigían calle arriba y, decidimos segurlos. Fue una mala idea, ya que al final, tuvimos que preguntar dónde quedaba "Limantitla", porque todos estábamos perdidos. Cuando llegamos al terreno que habían rentado, nos percatamos de que había más jóvenes estorbando en la calle, embases de cervezas vacíos tirados por doquier, algunos estaban molestos porque les apagaron la fiesta y otros más estaban planeando irse a algún otro lugar. Noel y yo nos encontramos con Esmerlada, nos platicó lo que había ocurrido y, aún así, decidimos aventurarnos a entrar al lugar.

Fue todo un relajo. Casi no se podía pasar y, justo cuando estábamos por cruzar la puerta, unos tipos empezaron a golpearse; se hizo un círculo alrededor de ellos y, en ese momento, nosotros entramos al terreno. El olor era una mezcla de alcohol, mota, sudor (¡guácala!). Todos se estaban empujando. Noel dijo que presentía que eso no iba a terminar bien, así que decidimos que lo mejor era retirarnos. Nos quedamos un rato más afuera del lugar, vimos otros conflictos.

A eso de las siete de la noche, decidimos que era tiempo de retirarnos, hablamos con Memo para decirle que nos esperara en la estación Doctor Gálvez para que, de ahí, pudiéramos ir a otro lado. Claro que, yo tenía el tiempo medido porque tenía otro compromiso: el Thanksgiving day.

Al llegar a Insurgentes nos dimos cuenta de que sería imposible entrar al metrobús, además, yo necesitaba cambiarme de ropa, así que, primero entramos a un Burger King. Necesitaba usar el baño únicamente para cambiarme el pantalón, pero no me dejaron pasar sino consumía. Entonces, nos salimos y tuve que usar como vestidor dos camionetas; en medio de ellas me cambié, mientras que Noel y Esme echaban aguas. ¡Fue tan gracioso y extremo!, jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así, pero la ocasión lo ameritaba.

Total, salimos de ahí, quisimos tomar un taxi que nos llevara a encontrarnos con Memo, pero nadie quería hacernos la parada, por lo que tuvimos que subirnos a un pesero que nos llevó a San Fernando. Ahí nos bajamos y Esme tomó otro que la llevaría a metro Toreo. Mientras que nosotros tuvimos que esperar uno que nos dejara cerca de Perisur. Había mucho tráfico. Llegamos a Doctor Gálvez casi a las 8:30, Memo ya se había ido y Noel me acompañó a Revolución a tomar otro pesero que me llevara al metro Barranca del Muerto.

Debo decir que yo no sé andar sola por las calles de la ciudad y menos de noche, por lo que me asustaba le hecho de tener que ir a un lugar donde no conocía.

Llegué a Barranca, tomé el tren. Al llegar a la estación San Antonio, busqué un mapa para ubicar la calle Botticelli, la encontré pero no sabía si estaba del lado correcto entonces le pedí al policía que me señalara de qué lado debía salir.La calle estaba un poco oscura.

Finalmente, di con el lugar de la reunión. Entré, no sabía para dónde ir, además no conocía a nadie.Me gustó como estaba decorado el lugar. Tomé asiento. La profesora dio unas palabras de agradecimiento, después cada quien dijo lo que había aportado para la ocasión; yo no dije nada, yo sólo iba de colada. Las palabras que más me agradaron y que más ansias tenía de escuchar fueron: "bueno pues, pasen a servirse". Moría de hambre. Había que hacer fila, pero todo estaba muy rico, cené como sino hubiera mañana.

Tan ajetreado estuvo mi día, que no me acordé de llamar a mi casa para avisar que llegaría tarde, por lo que mi mamá estuvo marcándome a mi celular, lo malo era que no le había podido contestar porque mi teléfono estaba metido en la bolsa. En fin, esas llamadas me hicieron ver que tenía que regresar ya a casa. Me despedí de la profesora, quien, muy amable me dio dos rebanadas de pay (muy rico por cierto).

Llegué a mi casa y mi papi estaba un poco molesto, pero todo se solucionó. Estaba tan cansada que sólo quería entrar a mi recámara y dormir. Eso de andar en tacones no es lo mío. Al final, mi mamá me preguntó: "cómo estuvo tu día" y yo sólo dije: "fue un viernes de locos".


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