domingo, 30 de octubre de 2011

La Feria

¿En algún momento de sus vidas les ha pasado que sienten que ya encontraron ese lugar en el mundo al cual pertenecen?. Bueno, pues yo creía haber encontrado mi sitio, pero tuve que decir adiós. La verdad me dio mucha tristeza, extraño mucho a mis compañeras de trabajo, a mi supervisor, las caras de emoción de los niños cuando les daba su premio. ¡Vaya!, jamás creí que mi primer trabajo me trajera cosas tan buenas y experiencias tan agradables.

Sentí un hueco en el estómago el día que fui a entregar mi uniforme. Para empezar, había mucha gente afuera esperando entrar y yo, aunque iba vestida de civil, me abrí paso, enseñé mi gafete y, me sentí tan pudiente cuando al preguntarle al bengala si podía pasar, me dijo: Claro, adelante. Todo el mundo se me quedó viendo como diciendo: !Wow¡, esa chica pudo pasar así, tan rápido. Lo que no sabían es que estaba a escasos minutos de que se acabaran mis privilegios. =(

Antes de pasar a base bengala, me di una vuelta por los lockers. En ese instante muchos recuerdos vinieron a mi mente, por ejemplo; cuando Susanita muy amablemente me ofreció su llave para poder guardar mi mochila, o cuando Sandra estuvo a punto de caerse de la silla porque un amarillo la empujó sin querer, etc. Al recordar tantas cosas, me dieron ganas de llorar y comencé a arrepentirme de entregar mis cosas, pero debía hacerlo ya que la empresa lo solicitaba.

Llegó el momento de ir a base bengala. En ese momento, salió una de las personas de Recursos Humanos, me vio y dijo: ¿Renuncia?, con un nudo en la garganta dije: Si. Minutos después me encontraba en la misma banca donde llené mi solicitud de empleo, pero ésta vez, la hoja que tenía enfrente era mi renuncia obligatoria. Casi lloro. Él lo notó y me preguntó el motivo de mi decisión, le respondí que yo había pedido permiso para faltar dos fines de semana debido a que tenía que hacer un viaje a un Congreso (AMEI), que mi supervisor estaba en toda la disposición de darme el permiso, pero que el Gerente no lo autorizó, así que no le quedó de otra que darme de baja y por eso yo me encontraba ahí, firmando los papeles y entregando mi uniforme.

Sinceramente, fue la primera vez que aquel joven me trataba bien, porque casi siempre que iba a RH me regañaba, ya fuera porque llevaba pulseras o mi collar o simplemente porque iba desfajada. Pero cuando vio que en realidad me afligía decir adiós, me empezó a decir que le echara ganas a la escuela, que me deseaba toda la suerte del mundo, incluso me dij que había sido un placer el haber trabajado conmigo.Ante sus palabras mis ganas de llorar se hicieron más fuertes, pero no quería hacer el oso frente a él, así que, sólo respondí un tímido gracias. Así pues, con un fuerte apretón de manos, concluyó nuestra plática.  

Antes de salir, le pedí permiso para pasar a despedirme de mis compañeras y amigas, pero me lo negó. La razón fue que, al haber evento privado, la entrada estaba muy restringida. No me quedó de otra que agachar la cabeza y dirigirme hacia la puerta.

Una vez fuera me encontré a algunas de ellas que iban llegando al segundo turno. Me preguntaron por qué estaba vestida normal y no traía el uniforme, y les conté brevemente la historia. Las abracé, me despedí y les dije que en otra ocasión las iría a visitar. Las dejé seguir su camino y yo seguí el mío.

También pasé a despedirme de Don Jaime, aquel señor que me hizo engordar con las deliciosas tortas de hawaiana y milanesa que siempre me preparaba. Don Jaime me dijo que hacía bien en irme, porque ese no era el lugar adecuado en donde yo podría crecer profesionalmente, que mejor terminara mis estudios y que, posiblemente, más adelante regresaría pero ocupando un puesto más alto. Agradecí sus palabras y le "advertí" que cuando fuera por esos rumbos, pasaría a comer ahí.

Me dirigí hacia la parada del camioncito que me llevaría de regreso al metro. Estaba toda triste por no poder ver a Susanita, creo que ella es la mejor amiga que encontré en ese lugar. Pero, de pronto, la vi caminando hacia el local de Don Jaime y me emocioné, corrí hacia ella y la abracé. Iba con otras dos amigas: Karen y Maribel. Me despedí de las tres, les di las gracias por los buenos y no tan bueno momentos que pasamos.

Debo decir que no soy buena para las despedidas, así que camino a casa, me la pasé recordando todos y cada uno de los momentos que viví en ese lugar, aprendí muchas cosas unas buenas y otras no tanto, hice grandes amigas... En fin, fue una grata experiencia, pero como alguien me dijo, esto sólo es el final de la Feria, pero ya vendrán otras cosas.

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