domingo, 30 de octubre de 2011

La Feria

¿En algún momento de sus vidas les ha pasado que sienten que ya encontraron ese lugar en el mundo al cual pertenecen?. Bueno, pues yo creía haber encontrado mi sitio, pero tuve que decir adiós. La verdad me dio mucha tristeza, extraño mucho a mis compañeras de trabajo, a mi supervisor, las caras de emoción de los niños cuando les daba su premio. ¡Vaya!, jamás creí que mi primer trabajo me trajera cosas tan buenas y experiencias tan agradables.

Sentí un hueco en el estómago el día que fui a entregar mi uniforme. Para empezar, había mucha gente afuera esperando entrar y yo, aunque iba vestida de civil, me abrí paso, enseñé mi gafete y, me sentí tan pudiente cuando al preguntarle al bengala si podía pasar, me dijo: Claro, adelante. Todo el mundo se me quedó viendo como diciendo: !Wow¡, esa chica pudo pasar así, tan rápido. Lo que no sabían es que estaba a escasos minutos de que se acabaran mis privilegios. =(

Antes de pasar a base bengala, me di una vuelta por los lockers. En ese instante muchos recuerdos vinieron a mi mente, por ejemplo; cuando Susanita muy amablemente me ofreció su llave para poder guardar mi mochila, o cuando Sandra estuvo a punto de caerse de la silla porque un amarillo la empujó sin querer, etc. Al recordar tantas cosas, me dieron ganas de llorar y comencé a arrepentirme de entregar mis cosas, pero debía hacerlo ya que la empresa lo solicitaba.

Llegó el momento de ir a base bengala. En ese momento, salió una de las personas de Recursos Humanos, me vio y dijo: ¿Renuncia?, con un nudo en la garganta dije: Si. Minutos después me encontraba en la misma banca donde llené mi solicitud de empleo, pero ésta vez, la hoja que tenía enfrente era mi renuncia obligatoria. Casi lloro. Él lo notó y me preguntó el motivo de mi decisión, le respondí que yo había pedido permiso para faltar dos fines de semana debido a que tenía que hacer un viaje a un Congreso (AMEI), que mi supervisor estaba en toda la disposición de darme el permiso, pero que el Gerente no lo autorizó, así que no le quedó de otra que darme de baja y por eso yo me encontraba ahí, firmando los papeles y entregando mi uniforme.

Sinceramente, fue la primera vez que aquel joven me trataba bien, porque casi siempre que iba a RH me regañaba, ya fuera porque llevaba pulseras o mi collar o simplemente porque iba desfajada. Pero cuando vio que en realidad me afligía decir adiós, me empezó a decir que le echara ganas a la escuela, que me deseaba toda la suerte del mundo, incluso me dij que había sido un placer el haber trabajado conmigo.Ante sus palabras mis ganas de llorar se hicieron más fuertes, pero no quería hacer el oso frente a él, así que, sólo respondí un tímido gracias. Así pues, con un fuerte apretón de manos, concluyó nuestra plática.  

Antes de salir, le pedí permiso para pasar a despedirme de mis compañeras y amigas, pero me lo negó. La razón fue que, al haber evento privado, la entrada estaba muy restringida. No me quedó de otra que agachar la cabeza y dirigirme hacia la puerta.

Una vez fuera me encontré a algunas de ellas que iban llegando al segundo turno. Me preguntaron por qué estaba vestida normal y no traía el uniforme, y les conté brevemente la historia. Las abracé, me despedí y les dije que en otra ocasión las iría a visitar. Las dejé seguir su camino y yo seguí el mío.

También pasé a despedirme de Don Jaime, aquel señor que me hizo engordar con las deliciosas tortas de hawaiana y milanesa que siempre me preparaba. Don Jaime me dijo que hacía bien en irme, porque ese no era el lugar adecuado en donde yo podría crecer profesionalmente, que mejor terminara mis estudios y que, posiblemente, más adelante regresaría pero ocupando un puesto más alto. Agradecí sus palabras y le "advertí" que cuando fuera por esos rumbos, pasaría a comer ahí.

Me dirigí hacia la parada del camioncito que me llevaría de regreso al metro. Estaba toda triste por no poder ver a Susanita, creo que ella es la mejor amiga que encontré en ese lugar. Pero, de pronto, la vi caminando hacia el local de Don Jaime y me emocioné, corrí hacia ella y la abracé. Iba con otras dos amigas: Karen y Maribel. Me despedí de las tres, les di las gracias por los buenos y no tan bueno momentos que pasamos.

Debo decir que no soy buena para las despedidas, así que camino a casa, me la pasé recordando todos y cada uno de los momentos que viví en ese lugar, aprendí muchas cosas unas buenas y otras no tanto, hice grandes amigas... En fin, fue una grata experiencia, pero como alguien me dijo, esto sólo es el final de la Feria, pero ya vendrán otras cosas.

martes, 25 de octubre de 2011

Así escribía en la Prepa

Ayer fue día de hacer limpieza en mi habitación, sí, ya sé que el Lunes no es común hacer ese tipo de actividades pero, aproveché la fuga de francés para llegar temprano a mi casa y poder acomodar un poco aquel lugar que sirve como mi sitio de meditación. Bueno, el punto fue que, mientras organizaba un poco los papeles, las copias, los trabajos, etc., me encontré con un cuento que escribí cuando iba en 4º de prepa, lo leí y me dio un poco de risa ver que, con el paso de los años, mi lado romántico no ha desaparecido.

Al leerlo, hubieron algunas palabras e incluso frases, que jamás se me hubiera ocurrido utilizar, así que supongo que la profesora de literatura nos dio una lista de ideas que debíamos incluir en el relato. En fin, me permitiré transcribirlo a continuación:

Era un día muy bonito que André, el chico del cual yo estaba enamorada desde hacía tiempo, me había pedido que fuera su novia y, como era lógico, yo estaba que daba brincos. Pero como en todas las ocasiones, siempre hay algo que opaca la felicidad.

Todo comenzó mientras yo me encontraba a la mitad de una aburridísima clase de mate cuando, de pronto, así como así, André irrumpió en el salón y dijo: "Alexa, ¿quieres ser mi novia?". Ante la impresión a penas pude articular un "claro que sí". Era algo un poco gracioso y a la vez vergonzoso, porque en ese momento era el centro de atención de toda la clase, pero no me importaba.

Salí de aquella clase deseando que no hubiera sido sólo un sueño y, cuál fue mi sorpresa al descubrir que él estaba ahí, afuera del salón, esperándome. Se acercó a mí y me dio un tierno beso. Sus amigos le dijeron que se apresurara o, de lo contrario, llegaría tarde a su clase de Química. Pero, antes de irse, me dijo que me buscaba en la siguiente hora para platicar.

Mis amigos y yo teníamos hora libre en ese momento, así que, decidimos ir al billar que se encontraba justo frente de la escuela. Estabamos esperando a que se desocupara una mesa y, sin querer, escuché la conversación de los chicos que se encontraban delante de nosotros. Uno de ellos decía: ¡qué coraje!, acabo de perder una apuesta. ¿Quién se hubiera imaginado que Alexa le diría que sí a André?. Oír eso, hizo que el corazón me dieron un vuelco, pensé (y deseaba) que había escuchado mal, pero justo cuando vi a Irisi, mi mejor amiga, ella me dijo que primero debía hablar con él y dejar que me explicara.

El tiempo que esperé a que André me buscara se me hizo eterno. Finalmente, salió de su clase y yo estaba ahí parada, esperando escuchar una buena explicación, las lágrimas casi se hacían presentes. AL verme así me preguntó qué era lo que me pasaba y, en ese momento, comenzó mi interrogatorio. Él me dejó hablar y gritar, esperó a que me calmara, se hizo un silencio. Me miró a los ojos y me dijo: "Perdóname. No es lo que piensas, lo que sucede es que desde hace mucho tiempo me gustas, pero no me atrevía a decirte nada por temor a que me rechazaras. Y, lo de la apuesta, es verdad, pero,...". No dejé que terminara de explicarse y salí corriendo.

Corrió tras de mí. Yo estaba demasiado confundida, dolida; no me fijé al atravesar la calle y escuché que alguien gritaba: ¡Cuidadooooo!. Era la voz de André. Volví la vista y, ahí estaba, a escasos centímetros de mi un auto. Cerré los ojos y sentí un fuerte empujón hacia adelante. El exceso de velocidad del conductor impidió una pronta reacción del conductor. Todo pasó tan rápido.

Mi novio permanecía inconsciente, tirado en la acera, sin reacción alguna. Mientras tanto, el escenario del accidente se llenaba de curiosos, todos los alumnos de la Preparatoria 7 que salían de sus clases. Algunos reaccionaron rápidamente y corrieron a notificar a las dirección del plantel.

Posteriormente, dos patrullas de la delegación llegaron a realizar una inspección de los hechos. El automóvil literalmente lo arrolló en la intersección de las dos avenidas y, según los peritos, todo fue por inexperiencia del conductor.

Al llegar la ambulancia, los paramédicos se bajaron y examinaron a André. Aún resuenan en mis oídos sus palabras: "... posible estallamiento de vísceras...". No lo podía creer. Trataban de subirlo a la ambulancia, yo me ofrecí a acompañarlo. Durante el trayecto hacia el hospital, lo veía ahí, en la camilla, inconsciente y lleno de aparatos. No pude evitar sentirme culpable. Si no hubiera sido tan atrabancada, nada de eso hubiera pasado. Pero el hubiera, no existía. Yo iba metida en mis pensamientos y, de repente, alcancé a escuchar que André no llegaría vivo al hospital.

Me acerqué a él y le dije al oído: "Gracias por salvarme la vida y, aunque sé que no es el momento apropiado, quiero decirte que desde hace mucho tiempo estoy enamorada de ti. Te quiero". En ese instante abrió los ojos y me dijo con mucha dificultad: "No tienes nada que agradecer, te amo y daría mi vidapor ti. Y con respecto a la apuesta...". Nuevamente no dejé que terminara de hablar, le di un beso y le dije que eso ya no importaba, que habría tiempo para hablar, que lo importante era que se recuperara y que yo iba a estar con él.

Me sonrió y pidió que tomara su mano, que no lo soltara. Cuando mi mano tocó la suya, la apretó con fuerza y segundos después, de uno de los aparatos provino un terrible sonido. En ese mismo instante me percaté que André me soltaba. Me llené de pánico. Los paramédicos intentaron en vano resucitarlo. André acababa de morir.

Al llegar al hospital, los médicos llamaron a sus padres. Al poco rato llegaron sus amigos y, entre ellos, estaba el chavo de la famosa apuesta, quien se acercó a mi para explicarme. Yo no quería saber nada, pero él me pidió que lo dejara hablar, así que lo escuché. La verdad era que André había apostado que vencería su miedo a mi rechazo. Eso era todo y yo, como una paranoica, creí que él sólo querría jugar con mis sentimientos.

¡Vaya!, creo que antes era un poco más dramática, pero ¿qué le puedo hacer?, siempre me han gustado esas historias de amor en donde, alguno de los protagonistas se va o, en este caso, muere. Creo que soy un poco sádica. En fin, así es como escribía en la Prepa.

domingo, 23 de octubre de 2011

Todo, excepto a ti

A veces siento que no existe la felicidad al 100% digo, la verdad es que ésta semana me han pasado tantas cosas buenas que, creo que por fin terminé de saldar mis deudas con el karma. Pero, no sé si a alguien más le ha sucedido eso de que siente que, a pesar de tener todo lo que siempre buscaba, aún le falta algo importante. Bueno, es precisamente así como me siento en estos momentos. Por fin logré hacer las paces con él, encontré a una persona que llevaba mucho tiempo buscando, encontré la manera de sobrellevar las tareas y trabajos escolares pero, a la vez, siento que perdí a mi gran amigo.

Me invade la tristeza porque era de esos amigos que pensabas que podían durar toda la vida, pero de pronto ocurre algo que hace que esos planes se vengan abajo y, por una u otra razón, terminan separándose. Queda la incertidumbre de no saber si esa amistad podrá o no superar las adversidades. Yo tengo la esperanza de que todo vuelva a la normal después de algún tiempo.

Sinceramente no sé qué fue lo que pasó. Nos recuerdo, hace unas semanas, riendo de las subidas y bajadas que tiene la vida, platicando hasta quedarnos sin voz, en fin, pasándola tan bien como era común cuando estábamos juntos, pero después de un largo viaje, todo cambió.

De hecho, platicando con amigos en común, todos coincidimos en que es él quien ha cambiado. No sé si para bien o para mal. No fue algo de la noche a la mañana, todo comenzó desde el momento en que se enamoró. Me da mucho gusto por él porque parece que, por el momento, encontró a esa persona tan especial que desde hacía tiempo estaba buscando. 

Sin la intención de buscar culpables y, suponiendo sin conceder, me atrevo a decir que es su pareja quien ha estado haciendo que cambie de esa manera. Además ha comenzado a juntarse con personas que, en mi opinión, no son dignas de confianza. Es por esa razón que yo comencé a poner cierta distancia entre él y yo, con la esperanza de que, en algún momento él se acercara a mi. Pero no fue así.

En fin, ¿qué puedo hacer yo?. Sólo lamentarme el hecho de no poder compartir, por el momento, las cosas tan lindas que me ha preparado la vida.

Además, sólo espero que cuando se de cuenta de que la gente que lo aprecia se está alejando de él por su actitud, no sea tarde y aún pueda rescatar una que otra amistad. Y entre ellas, espero estar yo todavía.

jueves, 20 de octubre de 2011

Sueño de una noche de otoño

Hace un par de días volvió a mi vida una persona que creía que ya no estaría más a mi lado. Vaya sorpresa que me llevé cuando, aquella noche, tocó a mi puerta y, con una tímida sonrisa, preguntó: ¿Puedo pasar?. Adelante - dije yo. En ese momento entré en shock, no sabía cómo actuar frente a él. Además, pro su forma de andar y hablar, era evidente que estaba atravesando por una de esas crisis que desde hace varios años se apoderan de él. 

Vengo a platicar contigo, si tu me lo permites - dijo. En ese momento mis manos comenzaron a temblar, sólo le pude decir: Claro, ¿en qué puedo ayudarte?. Se notaba que para él tampoco estaba resultando fácil aquel nuevo acercamiento, ya que las primeras palabras que salieron de su boca se atropellaban y no era precisamente por aquella crisis. Le dije que se tranquilizara, que no había problema, que ya había superado los acontecimientos del pasado y que podía hablar con calma. Eso le ayudó bastante ya que se mostró más relajado y la conversación comenzó a fluir.

Debo confesar que tuve sentimientos encontrados, por una parte me sentí bastante bien por el hecho de saber que después de tanto tiempo y de tantas cosas que pasaron, él tuvo la intención de restablecer relaciones diplomáticas (ya salió la internacionalista que llevo dentro) a pesar de que no sabía cómo reaccionaría yo, pero por otra, me dio mucha tristeza e impotencia verlo en ese estado, no era el que yo había conocido; a pesar de que estaba un poco más marcado por el ejercicio, su cara se notaba demacrada, tenía ojeras, en sus ojos se veían rojos debido a que había estado llorando.

Dejando de lado lo feo y doloroso, fue increíble darme cuenta de que sólo bastaron unos minutos para volver a ser los de antes; aquellas dos personas que se llevaban tan bien, que se ponían a reír, que se contaban secretos, fue como si el tiempo no hubiera pasado. Y bueno, ni qué decir de cómo me sentí cuando, al despedirse, me dio un fuerte abrazo y un beso, al tiempo que me decía: Te quiero mucho.

Como dije, eso sucedió hace un par de días, pero lo mejor es que a partir de ese momento, él se ha vuelto a aparecer por aquí para contarme lo que ha sucedido en su vida a lo largo de todo este tiempo que duramos separados, eso me ha servido para volverlo a conocer y, el hecho de descubrir que sigue siendo ese ser maravilloso que yo tanto admiraba, me da mucho gusto. Yo, por el contrario, no le he platicado tantas cosas sobre mí, ya que, como bien se lo advertí, soy una persona de pocas palabras.

Aunque, siendo sincera, debo decir que tengo miedo. Sí, miedo de que cuando pase ésta etapa, él se vuelva a ausentar. Y que en algún momento de mi vida, cuando yo recuerde esto, me parezca que solo fue el sueño de una noche otoño, aquel que muy en el fondo siempre quise que se hiciera realidad durante casi seis años.

sábado, 15 de octubre de 2011

Adiós al Paraíso

Estoy a unas horas de subirme al camión que me regresará a la Ciudad de México =(, sí es bastante triste, es que después de haber pasado una semana entre el mar, el sol, la arena, alberca y uno que otro trago coqueto... pues la verdad es que uno se acostumbra a la buena vida.

El clima de Cancún estuvo ¡perfecto!, hacía calor pero era bastante soportable. Lo que no me agradó tanto fueron los inconvenientes que hubo durante el check in, o sea, llegamos al hotel como a eso de las 4 de la tarde, pero pudimos acceder a la habitación hasta las 7:30. Todo un caos. Pero bueno, de ahí en fuera todo estuvo de lujo.

Conocer Chichen Itzá fue una grata experiencia al igual que ir a Tulum. Las salidas a los antros, me dejaron muerta, jamás había podido imaginar que eso de estar de fiesta sin perder el glamour fuera tan cansado.

Eso sí, quiero aclarar que no sólo me la pasé socializando ni con-bebiendo, también fui al Congreso. De las cinco conferencias a las que asistí sólo cuatro me gustaron. Aprendí muchas cosas que me hicieron darme cuenta del tema que me gustaría trabajar en mi tesis. Además confirmé el por qué soy fan de Yadis, sinceramente cuando yo sea toda una internacionalista hecha y derecha, quiero ser como ella.

En fin, lo bueno dura poco y será el momento de regresar a la realidad. El lunes tendré que ir de nuevo a la escuela, hacer la tarea, etc. ¡Ah!, se me olvidaba, el clima de Playa del Carmen (lluvioso) no impidió que fueramos de shopping y la pasáramos increíble =)

lunes, 10 de octubre de 2011

Sol, playa y más...

Presiento que ésta semana va a estar intensa, no es porque vaya a tener mucha tarea, exámenes, exposiciones, etc., NO, nada de eso. Me refiero a que es AMEI y, si bien es cierto que empieza el jueves,  los alumnos nos llegamos al lugar unos días antes, ya saben, para poder adaptarnos al clima, es que eso de adaptarse al sol, la playa, las piñas coladas. ¡Caray, pobres de nosotros, cómo vamos a sufrir!.

¡Ah! pero algo sí dejo en claro, yo entraré mínimo dos días a las conferencias, bueno sobretodo porque necesito la constancia, además leí el programa y hay muchos temas interesantes. Y, quién sabe, igual y una de las ponencias me ilumina y hace que escoja mi tema de tesis. Haciendo un paréntesis, el tema del proyecto de investigación me tiene un poco inquieta, no termino de entender qué es lo que quiero, pero bueno, esta semana me relajaré y esperaré a que llegue el momento de inspiración, así tipo el airecito de la Rosa de Guadalupe.

En fin, la semana apenas inicia y yo tengo toda la actitud para que los siguientes días, además de divertirme con mis amigos, también aprenda un poco de algunos temas sobre seguridad nacional, narcotráfico, negociaciones, etc.

viernes, 7 de octubre de 2011

Decisiones

Creo que todo se basa en eso, desde que te levantas hasta que te vas a dormir. Todo empieza con la hora en la que te vas a despertar, llegar o no a la primera hora, la ropa que usarás, lo que desayunarás,  subirte al vagón del metro que está repleto de gente enojada porque se va parando y, una vez que entras, elegir entre irte para el lado derecho o el izquierdo, eso sí, te debes fijar muy bien; ya que pararte en un lugar estratégico puede ser la diferencia entre poder agarrar lugar e irte sentada hasta tu destino o irte parada.

Pues ayer me tocó tomar una decisión que, aunque no fue de vida o muerte,  para mí significaba mucho. Creo que tomé la correcta. Resulta que yo iba dispuesta a renunciar a mi trabajo, sí iba a decir adiós, a es lugar que me ha enseñado tantas cosas en lo que va del año. La verdad no estaba muy segura de lo que iba a hacer, es más, dejé pasar cuatro metros, porque aun no sabía la respuesta.

Llegué como a las 4:20 pm, mis compañeras se sorprendieron de verme ahí, sobretodo porque al ser del turno parcial, mi horario sólo corresponde a fines de semana. Las vi y enseguida supe lo que tenía que hacer. Las saludé y acto seguido me dirigí con mi supervisor. Me saludó tan amable como siempre y me preguntó - ¿qué tienes?, ¿por qué necesitas hablar conmigo?. (Es que el martes le había enviado un mensaje para decirle que el jueves iría a platicar con él).

Le conté la historia de mi vida; que tenía mucha tarea y que, tanto el trabajo como la escuela estaban acabando físicamente conmigo, así que tenía que elegir entre una de las dos, además había un viaje por parte de la escuela y faltaría los siguientes dos fines de semana... Él me escuchó atento y, cuando terminé, me dijo -No te preocupes, te doy un permiso para que no tengas problemas administrativos, lo hago por este fin de semana y el otro-. Lo agradecí, y me retiré.

Al ver de nuevo a mis compañeras y amigas, me sentí bastante bien, es que son de esas personas que siempre te preguntan si estás bien, si te ayudan en algo y cosas como esas. Son muy agradables, lo malo será cuando regrese de AMEI, ya que tendré que volverme partirme en mil para poder sacar adelante tanto la escuela como el trabajo, pero mientras me guste lo que hago, pensaré que tomé la decisión correcta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Juntas de la mano

Fue un 11 de agosto de 2005, cuando aquellos caminos se cruzaron. Pudo ser casualidad o, tal vez, el destino. Sólo sé que es la mejor historia que me ha tocado presenciar, y una de las tantas y tantas que puede contar la Prepa 7.

Resulta que ese año, como es costumbre, se había llevado a acabo el concurso de selección para entrar a la Prepa, y nuestras protagonistas, como eran muy inteligentes, lograron ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria 7, Ezequiel A. Chávez. Pero, ya saben cómo es eso, puros trámites una semana antes de iniciarlas clases. Justo ese día, ellas tenían que ir para entregar unos papeles y el recibo de que habían pagado su inscripción. Ambas estaban haciendo fila: Mona se encontraba delante de "La wevo", cada una estaba metida en sus pensamientos.

De pronto, cuando ya sólo faltaban unas cuantas personas para que Mona entrara a dejar sus documentos, se dio cuenta de que no había cortado, lo que parecía ser, un insignificante talón. Batalló tanto la pobre para poder cortarlo, hasta que La wevo, la vio y decidió ayudarla. Como ella era muy precavida, siempre cargaba en su mochila su estuche completo lleno de plumas, colores y hasta un regla, así que la sacó y se la ofreció. Mona sonrió y la tomó, pero su peripecia aun no acababa, ella sola no podía cortarlo, así que La wevo, se solidarizó con ella de nuevo y le ofreció detener sus cosas mientras lo hacía.

Una vez que terminó, le entregó la regla a La wevo y "gracias", acompañado de esa sonrisa que siempre la ha caracterizado. La wevo le devolvió la sonrisa y vio como se alejaba porque ya era su turno de pasar. Al poco rato, Mona salió de aquella oficina y caminó hasta perderse de vista. Ahora tocaba el turno de La wevo, a quien enviaron a un salón en donde le dirían cuál sería su grupo y conocería por primera vez a sus compañeros de clase. Ella se dirigió hacia el salón con muchas espectativas, pero jamás se imaginó que ahí se encontraría de nuevo con Mona. Eso la alegró mucho, porque por lo menos vería una cara conocida. De regreso a su casa, La wevo iba pensando que había encontrado a una persona que podría ser su amiga, y no se equivocaba. Al llegar a su casa, le contó a su mamá lo que había sucedido horas antes.

Pasaron los días, y por fin llegó el momento esperado. El primer día de clases. Era oficial, ya era toda una preparatoriana. Sus papás y su hermana la acompañaron a la puerta de la escuela, pero La wevo no quería entrar, se sentía fuera de lugar, a todos los veía más grandes y eso le dio miedo. Tenía ganas de regresar a su casa o, simplemente de volver a cruzar la puerta del IVC donde, hasta ese momento, había conocido a sus mejores amigos. Tan decidida estaba a no entrar, que su mamá se vio en la necesidad de tomarla del brazo y obligarla a ingresar.

¡Pobre wevo!, estaba muy asustada, ni siquiera sabía donde quedaba el salón donde tendría la primera clase que era Literatura. Estuvo caminando por los pasillos sin rumbo fijo, veía en las jardineras a los grupitos de amigos que platicaban muy animados, mientras ella estaba ahí, sola y sin saber a dónde ir. De pronto, se topó con Mona y otra chica, Chely, quien de inmediato le dijo - ¿Ya sabes dónde queda el salón?, ven, nosotros te llevamos-. La wevo agradeció y las siguió. En el camino la Chely las presentó. -Ella es Mona-, -Ella, es wevo-.

En todo ese día, las tres no se separaron, es más hasta pasaron las horas libres juntas y fueron estafadas cuando un chico con unos ojos hermosos, les vendió (sí, les vendió) una gaceta en cinco pesos. Ellas no pudieron decirle que no. Cuando se enteraron que la gacetas eran gratis, no podían parar de reír. Les habían visto la cara. ¡Qué barbaridad!, en fin, se dirigían a la clase de Mate, cuando de la nada, Mona le dio un gacetazo en la cabeza a wevo. ¡Vaya confiancitas!.

Así comenzaba la historia de una gran amistad, la cual, me da mucho orgullo decir que aun se está escribiendo. Y, a pesar, de que  al principio Mona no sabía ni cómo quitarse de encima a la fastidiosa Wevo, pero aprendió a quererla con sus defectos y virtudes; han pasado seis años, un mes y veinticuatro días (si los cálculos no me fallan) desde que ese insignificante talón las unió. Y aunque no todo ha sido miel sobre hojuelas, han aprendido a tenerse paciencia la una a la otra. Además, lo más interesantes es que, a pesar de ser tan diferentes, ambas se complementan a la perfección. .

Y aunque una vive en la ciudad y la otra en el pueblo, siguen caminando siempre juntas de la mano, por esas calles llenas de baches que tiene la vida .




domingo, 2 de octubre de 2011

Primer hoja de mi historia

No sé si alguna vez les ha pasado que, de pronto, cuando escuchan alguna melodía ésta les recuerda alguna etapa de sus vidas, algo así me ocurrió el día que regresaba de la fiesta de una amiga. No sé si fue porque andaba por los rumbos de la escuela que me vio crecer, o tal vez fue la compañía, o simplemente el hecho de la noche se prestaba para recordar.  Me dirigía a mi casa junto con Gabo, mi amigo de toda la vida, quien muy amablemente se ofreció a darme un aventón.

La plática era muy amena, como siempre, cuando de repente él comenzó a tararear una canción que hacía más de siete años yo no escuchaba. Me sorprendí cuando comencé a entornarla, ya que jamás creí acordarme de aquella letra. Fue como si hiciéramos un viaje en el tiempo. Él se orilló y se estacionó justo en frente de la escuela que nos vio crecer a ambos. Comenzamos a platicar sobre aquellos años en los que, tras esas puertas, vivimos nuestra infancia.

- ¿Recuerdas cuando hacíamos honores a la bandera?- le pregunté, a lo que él respondió -¡Claro, cómo olvidar esos lunes!, cuando mi mamá me advertía que, si volvía a llegar mugroso, me castigaría sin ver Los Simpsons-. Nos echamos a reír, y es que eso no sólo le ocurría a él, ya que mi mamá también me advertía lo mismo, pero es que a quién se le habría ocurrido que unos niños de 4 años fueran vestidos de blanco los lunes y, peor aún, qué mamá podía confiar en que sus hijos no se iban a arrastrar por todo el piso de Cantos y Juegos.

En fin, comentamos sobre la Miss Coco; a quien los dos le debemos todo lo que sabemos de inglés, sobre los festivales de la escuela; cuando bailamos el Ratón Vaquero o cuando presentamos la obra de Almendrita en la que, por supuesto, yo fui la protagonista. La plática se extendió hasta la época en que cursábamos la primaria, yo me cambié de escuela, pero no por mucho tiempo, ya que para tercero regresé. Le comenté que me dio mucho gusto encontrar a la mayoría de nuestros compañeros aun, portando orgullosos los colores rojo y gris del uniforme. Éramos un grupo tan unido, todos nos conocíamos desde pequeños.

Pero claro, los pensamientos van cambiando y las amistades también, por eso cuando conversábamos sobre la secundaria, me dolió mucho recordar que fue justo ahí cuando nuestro grupo tan unido se había roto. Muchos se cambiaron de escuela y les perdimos la pista, mientras que los pocos que quedamos, nos separamos porque ya no teníamos cosas en común. Se hizo un silencio.

Los dos estábamos perdidos en nuestros pensamientos, cada quien reflexionando sobre esos años, cuando sonó mi celular. Era mi mamá, llamaba para preguntarme si tardaría mucho en llegar porque ella ya tenía sueño y quería saber si traía llaves. Miré mi reloj, habían pasado casi tres horas desde que la fiesta había terminado.  Gabo puso en marcha su auto. Y en mi mente sólo sonaba aquella melodía que hacía que se me pusiera chinita la piel.

Con la luz de las estrellas y el aroma de las flores, con canciones las más bellas de los pájaros cantores. Con azul de limpios cielos y el verdor de las praderas, con frescor de los riachuelos en las tibias primaveras. Daré un alma a la fragancia que me inspira tu memoria. Jardincito de mi infancia, primer hoja de mi historia.