Ayer fue día de hacer limpieza en mi habitación, sí, ya sé que el Lunes no es común hacer ese tipo de actividades pero, aproveché la fuga de francés para llegar temprano a mi casa y poder acomodar un poco aquel lugar que sirve como mi sitio de meditación. Bueno, el punto fue que, mientras organizaba un poco los papeles, las copias, los trabajos, etc., me encontré con un cuento que escribí cuando iba en 4º de prepa, lo leí y me dio un poco de risa ver que, con el paso de los años, mi lado romántico no ha desaparecido.
Al leerlo, hubieron algunas palabras e incluso frases, que jamás se me hubiera ocurrido utilizar, así que supongo que la profesora de literatura nos dio una lista de ideas que debíamos incluir en el relato. En fin, me permitiré transcribirlo a continuación:
Era un día muy bonito que André, el chico del cual yo estaba enamorada desde hacía tiempo, me había pedido que fuera su novia y, como era lógico, yo estaba que daba brincos. Pero como en todas las ocasiones, siempre hay algo que opaca la felicidad.
Todo comenzó mientras yo me encontraba a la mitad de una aburridísima clase de mate cuando, de pronto, así como así, André irrumpió en el salón y dijo: "Alexa, ¿quieres ser mi novia?". Ante la impresión a penas pude articular un "claro que sí". Era algo un poco gracioso y a la vez vergonzoso, porque en ese momento era el centro de atención de toda la clase, pero no me importaba.
Salí de aquella clase deseando que no hubiera sido sólo un sueño y, cuál fue mi sorpresa al descubrir que él estaba ahí, afuera del salón, esperándome. Se acercó a mí y me dio un tierno beso. Sus amigos le dijeron que se apresurara o, de lo contrario, llegaría tarde a su clase de Química. Pero, antes de irse, me dijo que me buscaba en la siguiente hora para platicar.
Mis amigos y yo teníamos hora libre en ese momento, así que, decidimos ir al billar que se encontraba justo frente de la escuela. Estabamos esperando a que se desocupara una mesa y, sin querer, escuché la conversación de los chicos que se encontraban delante de nosotros. Uno de ellos decía: ¡qué coraje!, acabo de perder una apuesta. ¿Quién se hubiera imaginado que Alexa le diría que sí a André?. Oír eso, hizo que el corazón me dieron un vuelco, pensé (y deseaba) que había escuchado mal, pero justo cuando vi a Irisi, mi mejor amiga, ella me dijo que primero debía hablar con él y dejar que me explicara.
El tiempo que esperé a que André me buscara se me hizo eterno. Finalmente, salió de su clase y yo estaba ahí parada, esperando escuchar una buena explicación, las lágrimas casi se hacían presentes. AL verme así me preguntó qué era lo que me pasaba y, en ese momento, comenzó mi interrogatorio. Él me dejó hablar y gritar, esperó a que me calmara, se hizo un silencio. Me miró a los ojos y me dijo: "Perdóname. No es lo que piensas, lo que sucede es que desde hace mucho tiempo me gustas, pero no me atrevía a decirte nada por temor a que me rechazaras. Y, lo de la apuesta, es verdad, pero,...". No dejé que terminara de explicarse y salí corriendo.
Corrió tras de mí. Yo estaba demasiado confundida, dolida; no me fijé al atravesar la calle y escuché que alguien gritaba: ¡Cuidadooooo!. Era la voz de André. Volví la vista y, ahí estaba, a escasos centímetros de mi un auto. Cerré los ojos y sentí un fuerte empujón hacia adelante. El exceso de velocidad del conductor impidió una pronta reacción del conductor. Todo pasó tan rápido.
Mi novio permanecía inconsciente, tirado en la acera, sin reacción alguna. Mientras tanto, el escenario del accidente se llenaba de curiosos, todos los alumnos de la Preparatoria 7 que salían de sus clases. Algunos reaccionaron rápidamente y corrieron a notificar a las dirección del plantel.
Posteriormente, dos patrullas de la delegación llegaron a realizar una inspección de los hechos. El automóvil literalmente lo arrolló en la intersección de las dos avenidas y, según los peritos, todo fue por inexperiencia del conductor.
Al llegar la ambulancia, los paramédicos se bajaron y examinaron a André. Aún resuenan en mis oídos sus palabras: "... posible estallamiento de vísceras...". No lo podía creer. Trataban de subirlo a la ambulancia, yo me ofrecí a acompañarlo. Durante el trayecto hacia el hospital, lo veía ahí, en la camilla, inconsciente y lleno de aparatos. No pude evitar sentirme culpable. Si no hubiera sido tan atrabancada, nada de eso hubiera pasado. Pero el hubiera, no existía. Yo iba metida en mis pensamientos y, de repente, alcancé a escuchar que André no llegaría vivo al hospital.
Me acerqué a él y le dije al oído: "Gracias por salvarme la vida y, aunque sé que no es el momento apropiado, quiero decirte que desde hace mucho tiempo estoy enamorada de ti. Te quiero". En ese instante abrió los ojos y me dijo con mucha dificultad: "No tienes nada que agradecer, te amo y daría mi vidapor ti. Y con respecto a la apuesta...". Nuevamente no dejé que terminara de hablar, le di un beso y le dije que eso ya no importaba, que habría tiempo para hablar, que lo importante era que se recuperara y que yo iba a estar con él.
Me sonrió y pidió que tomara su mano, que no lo soltara. Cuando mi mano tocó la suya, la apretó con fuerza y segundos después, de uno de los aparatos provino un terrible sonido. En ese mismo instante me percaté que André me soltaba. Me llené de pánico. Los paramédicos intentaron en vano resucitarlo. André acababa de morir.
Al llegar al hospital, los médicos llamaron a sus padres. Al poco rato llegaron sus amigos y, entre ellos, estaba el chavo de la famosa apuesta, quien se acercó a mi para explicarme. Yo no quería saber nada, pero él me pidió que lo dejara hablar, así que lo escuché. La verdad era que André había apostado que vencería su miedo a mi rechazo. Eso era todo y yo, como una paranoica, creí que él sólo querría jugar con mis sentimientos.
¡Vaya!, creo que antes era un poco más dramática, pero ¿qué le puedo hacer?, siempre me han gustado esas historias de amor en donde, alguno de los protagonistas se va o, en este caso, muere. Creo que soy un poco sádica. En fin, así es como escribía en la Prepa.
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