domingo, 2 de octubre de 2011

Primer hoja de mi historia

No sé si alguna vez les ha pasado que, de pronto, cuando escuchan alguna melodía ésta les recuerda alguna etapa de sus vidas, algo así me ocurrió el día que regresaba de la fiesta de una amiga. No sé si fue porque andaba por los rumbos de la escuela que me vio crecer, o tal vez fue la compañía, o simplemente el hecho de la noche se prestaba para recordar.  Me dirigía a mi casa junto con Gabo, mi amigo de toda la vida, quien muy amablemente se ofreció a darme un aventón.

La plática era muy amena, como siempre, cuando de repente él comenzó a tararear una canción que hacía más de siete años yo no escuchaba. Me sorprendí cuando comencé a entornarla, ya que jamás creí acordarme de aquella letra. Fue como si hiciéramos un viaje en el tiempo. Él se orilló y se estacionó justo en frente de la escuela que nos vio crecer a ambos. Comenzamos a platicar sobre aquellos años en los que, tras esas puertas, vivimos nuestra infancia.

- ¿Recuerdas cuando hacíamos honores a la bandera?- le pregunté, a lo que él respondió -¡Claro, cómo olvidar esos lunes!, cuando mi mamá me advertía que, si volvía a llegar mugroso, me castigaría sin ver Los Simpsons-. Nos echamos a reír, y es que eso no sólo le ocurría a él, ya que mi mamá también me advertía lo mismo, pero es que a quién se le habría ocurrido que unos niños de 4 años fueran vestidos de blanco los lunes y, peor aún, qué mamá podía confiar en que sus hijos no se iban a arrastrar por todo el piso de Cantos y Juegos.

En fin, comentamos sobre la Miss Coco; a quien los dos le debemos todo lo que sabemos de inglés, sobre los festivales de la escuela; cuando bailamos el Ratón Vaquero o cuando presentamos la obra de Almendrita en la que, por supuesto, yo fui la protagonista. La plática se extendió hasta la época en que cursábamos la primaria, yo me cambié de escuela, pero no por mucho tiempo, ya que para tercero regresé. Le comenté que me dio mucho gusto encontrar a la mayoría de nuestros compañeros aun, portando orgullosos los colores rojo y gris del uniforme. Éramos un grupo tan unido, todos nos conocíamos desde pequeños.

Pero claro, los pensamientos van cambiando y las amistades también, por eso cuando conversábamos sobre la secundaria, me dolió mucho recordar que fue justo ahí cuando nuestro grupo tan unido se había roto. Muchos se cambiaron de escuela y les perdimos la pista, mientras que los pocos que quedamos, nos separamos porque ya no teníamos cosas en común. Se hizo un silencio.

Los dos estábamos perdidos en nuestros pensamientos, cada quien reflexionando sobre esos años, cuando sonó mi celular. Era mi mamá, llamaba para preguntarme si tardaría mucho en llegar porque ella ya tenía sueño y quería saber si traía llaves. Miré mi reloj, habían pasado casi tres horas desde que la fiesta había terminado.  Gabo puso en marcha su auto. Y en mi mente sólo sonaba aquella melodía que hacía que se me pusiera chinita la piel.

Con la luz de las estrellas y el aroma de las flores, con canciones las más bellas de los pájaros cantores. Con azul de limpios cielos y el verdor de las praderas, con frescor de los riachuelos en las tibias primaveras. Daré un alma a la fragancia que me inspira tu memoria. Jardincito de mi infancia, primer hoja de mi historia.

2 comentarios:

  1. Yo estuve en esa escuela y tengo 53 años!!!!
    Esa canción siempre esta en mi mente y mi corazón, quizás no la escuela en si porque eran muy severos pero hice excelentes amigos, y hasta la fecha cuando nos llegamos a juntar al igual que tu comentamos el dichoso saludo a la bandera de los lunes y ese increíble salón de cantos y Juegos!!!!!
    Ese Himno lo escribió Tata Nacho, compositor mexicano nacido a finales del siglo XIX especialmente para nuestra escuela.

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  2. Gracias por el dato, no sabía que había sido escrita para nosotros. En algún momento intenté buscar la canción en Internet, pero no la encontré... La tengo escrita en uno de mis cuadernos de música. ¡Qué tiempos aquellos!

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