martes, 27 de septiembre de 2011

Rompecabezas

"A veces parece que puedes entenderme, y el mundo se mueve más rápido y mejor, es un colador mi corazón de tanto agujero que has logrado abrir, picando en mi como pájaro carpintero". El otro día estaba escuchando esa canción y me di cuenta que es lo que me pasa muy seguido. Cuando entienden mis sentimientos, me siento bastante bien, mi mundo deja de estar de cabeza, pero lo malo es que sólo basta una palabra, un gesto o algún desplante, para que todo se torne diferente y de nuevo me encuentre en la misma etapa: depresión. Quizá soy muy sensible.

La verdad es que ya hasta pena me da que me vean así. Incluso siento que ya le doy flojera a la gente cuando me pregunta - ¿qué tienes?- y yo les respondo lo de siempre. En fin, por eso de ahora en adelante creo que deberé aprender a esconder mis sentimientos, para que así, sólo las personas que realmente me conozcan sepan lo que me sucede.

De nuevo el tiempo ha pasado rápido, parece que fue ayer cuando tuve la última recaída. Pero como no hay fecha que no llegue y plazo que no se cumpla, el tiempo de duelo ha concluido, las cosas poco a poco regresan a la normalidad.

Esta vez fue diferente, me sentía como un rompecabezas hecha mujer. En efecto, conservaba aun mi cabeza, mis brazos, mis manos, mi torso y mis piernas, etc., pero mi mente y, sobretodo, mi corazón, estaban en otro lugar. Mi cuerpo sabía que algo no estaba bien conmigo y no sé de dónde, pero sacó las fueras necesarias para que pudiera seguir con vida en mi estado zombie.

Pero como ya lo mencioné, el plazo llegó a su fin. Ahora siento que poco a poco las piezas de este rompecabezas comienzan a tomar su lugar y todo se acomoda a mi favor. Todo lo que pasó quedará como uan experiencia más de vida.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Sueños

-Tienes que decidirte, se agota el tiempo- decía una voz en mi cabeza, mientras me acercaba a toda velocidad hacia un camino con dos vertientes. Estaba desesperada, me iban persiguiendo y aun no sabía que camino tomar, debía decidirme o dejar que me atraparan. La segunda no era opción, así que me dirigí hacia el que se veía mejor, pero de pronto la voz de mi cabeza sonó amenazante cuando dijo -Recuerda que a veces el camino fácil no es el correcto-. Tenía mucha razón, pero a mi siempre me habían gustado las cosas fáciles, así que luche contra mi conciencia y traté de dirigirme al camino que yo había escogido. Ocurrió algo muy raro, mis piernas no respondían, era como si tuvieran vida propia y me estaban llevando hacia lugar opuesto, no me quedó de otra más que obedecer.

Increíblemente, al entrar en aquel lugar, el miedo no me invadió, al contrario sentí mucha paz como si supiera que estaba haciendo lo correcto. Esa oscuridad que al principio me había dado mala espina, ahora me hacía sentir como en casa. Todo comenzó a iluminarse con pequeñas lucecitas fosforescentes, como si fueran luciérnagas que estuvieran aguardando el momento apropiado para alumbrar el camino. De pronto, comencé a escuchar voces que me resultaron muy familiares; una de ellas dijo - La negrita ya se tardó demasiado, hace 10 minutos que debió haber entrado-. Era la voz de mi abuelito. Mi corazón dio un brinco, hacía tanto tiempo que ansiaba escuchar esa voz. Grité -Abu, ¿eres tú?, ¿dónde estás?, no logro verte. -Por aquí hija, te estamos esperando, sigue caminando y pronto nos encotraremos-, respondió otra voz que a pesar de sonarme familiar, no lograba identificar. Inmediatamente puse a trabajar a mi ardilla, obligándorme a recordar de quién era esa voz. Cuando me cayó el veinte, apresuré el paso, necesitaba comprobar que era cierto, que mi memoria auditiva no me engañaba.

Al llegar al sitio de donde provenían las voces,sentí que mis ojos ardían. Tal vez porque había llegado a un lugar con un gran resplandor y yo había pasado tiempo en la oscuridad, que mis ojos se acostumbraron a no recibir luz. Traté de abrirlos poco a poco. 

A unos cuantos pasos los vi, los dos estaban ahí parados con los brazos abiertos hacia mi. No lo podía creer, ¡eran ellos!. ¡Mis abuelitos!. No pude contener el llanto, hacía mucho que no los veía. Los extrañaba. Me acerqué a ellos y ambos me abrazoron y besaron. Fue un hermoso momento.

Estaba a punto de decirles lo que había pasado en mi vida durante su ausencia, cuando sonó el despertador.  En ese momento me dieron ganas de llamarles y verlos, me levanté de la cama para tomar el teléfono e, inesperadamente, caí en la cuenta de que todo había sido un bello sueño. Sólo bastó con voltear a la mesita de centro para ver aquella foto y aquella cajita tan pequeña en donde se guardaron para siempre tantos años de sabiduría, recuerdos y afecto.

Bien dice Freud, que los sueños son el reflejo de los deseos más ocultos del ser humano.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Monólogo de la Belleza

Hoy me considero una persona bella, tanto externa como internamente. Creo que la más importante es la segunda, porque es tu esencia, no sé si me explico. A ver, se supone que debes aprender a proyectarla, eso te puede llevar años y años de práctica, pero al final el resultado será increíble (yo bien optimista). Me imagino que cuando ya por fin uno a descubierto cómo explotarla, sale un gran resplandor de tu interior que hace que todos los que te vean se queden perplejos. Hagan de cuenta que están sentados pensando en la inmortalidad del cangrejo y de pronto ¡zaaaaz! pasa una chica o un chico lleno de una luz tan radiante que hace que forzosamente la o lo volteen a ver y digan -¡wow!, ¿viste eso?, ¡se están cayendo los ángeles del cielo!-. Bueno igual mi ejemplo no es el mejor, pero por lo menos se dieron una idea de cómo lo imagino.

Una vez que los demás notan ese resplandor, es muy fácil hacer que la apariencia física sea perfecta, la verdad es que son simples detalles (ándale con la experta), no, la verdad es que no soy una experta, pero he ido aprendiendo poco a poco.

Pasando a la belleza externa, y no me vengan con que "el físico no importa, claro que importa, igual y no es lo esencial pero a ver a quién no le gustan unos ojos expresivos; grandes, pequeños, de color, una nariz perfecta; grande o pequeña, respingada o aguileña, unos labios antojables; grueso o delgados, unas manos bien cuidadas que cuando te toquen te hagan sentir en las nubes, en fin, en gustos se rompen géneros. Hay a quienes les gustan las personas muy delgadas, a otros los gordibuenos y a unos más, pasados de tamales, en fin, cada quien con su cada cual.

El secreto aquí es que antes de preguntarte cuál es el peyoyo (dícese de la parte de tu cuerpo que más le gusta a los demás), debes preguntarte cuál es tu yoyopo (aquella parte de tu cuerpo que más te gusta a ti), ya que es precisamente eso a lo que le puedes sacar provecho. El chiste es que primero te gustes tú, ya después te preocupas por agradarle a los demás, porque, de qué sirve tratar que verte bien para los demás si a ti no te gusta cómo te ves.

Algo clave, también, es la seguridad. Porque puedes ser bella interior o exteriormente, puedes aprovechar el peyoyo y el yoyopo, pero sino tienes seguridad, ¡olvídate!. En este tema sí soy un poco experta, la verdad es que la mayoría de las veces soy muy insegura, pero otras, nadie ni nada me detiene. =) Debemos ser seguros de nosotros mismos, de conocer bien nuestros defectos y nuestras virtudes.

En conclusión, como internacionalista puedo decir... no, ya enserio, en mi caso, los mejores días que he tenido son cuando logró hacer que irradie mi belleza interna, por lo tanto hacer aparecer mi belleza externa resulta sencillo, y bueno, cuando la mezclo con la seguridad, han sucedido cosas increíbles. Aunque también debo decir que existe una gran diferencia entre tener mucha seguridad y tener un ataque de ego. Este último sino se sabe controlar, puede traer serios problemas ya que los demás podrían  alejarse de ti cuando descubran que el único tema de conversación eres tú y sólo tú. En pocas palabras, todo en exceso es malo, por eso todo debe ser con medida.

Hasta aquí el monólogo de hoy, nos vemos la semana que viene con más temas. =) Me despido deseándoles una linda noche y si tienen blog, ahí nos leemos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Una semana de aquellas...

¡Vaya!, me parece que fue ayer cuando me preparaba para irme a trabajar. Llevaba una gran maleta en donde había guardado mi ropa para la fiesta, mi pijama, mi cepillo de dientes, una cobijita, en fin, todas esas cosas que necesita una chica para irse a quedar a casa de una de sus amigas después de ir al antro.

Terminamos de trabajar a las 7 de la noche, nos apresuramos a bajar las cortinas, cerrar los inventarios, etc. De pronto Susy dijo - ¡Hey niñas!, apúrense porque los camiones tienen que salir a más tardar a las 8:15, para estar allá a las 9. Todas nos pusimos como locas y, es que no me dejaran mentir; las mujeres no pueden arreglarse para ir de antro en menos de una hora. Pero bueno, no sé cómo le hicimos para quedar listas en un tiempo récord de 45 minutos. Exactamente, a las 8 estábamos abordando uno de los camiones, pero no sirvió de nada, porque terminaron saliendo hasta las 9 de la noche. Yo no sé por qué nos apuraron, si de todas formas, el itinerario se retrasó casi una hora.

Llegamos al lugar de la fiesta a las 9:45. Nos tuvieron afuera esperando a que acomodaran todo. Nosotras estábamos muy molestas, ya nos habíamos cansado de estar paradas haciendo fila y, lo peor, ¡en tacones!. Aún no bailábamos y ya nos queríamos quitar los zapatos. Los niños estaban que se morían de la risa. Bueno, el punto fue que entramos al Classico (el antro) como a eso de las 11 de la noche.

Nos regalaron playera negras con la leyenda "Somos el corazón de la Feria y juntos hacemos la magia". Teníamos que entrar con ellas puestas. Una vez que llegamos a nuestros asientos, nos pidieron que comenzaramos a echar nuestra porra y al grito de "Vamos, vamos destreza que ésta noche venimos a bailar, porque somos, somos estrellas y ésta noche tenemos que brillar", la cámara se acercó a nosotras, nos mostró en las pantallas y cada una se veía orgullosa de pertenecer al Área Naranja. Después se hizo en silencio para la ceremonia de premiación de los empleados del mes y los reconocimientos para las personas que llevan trabajando ahí una década. Al término de esto la música se hizo presente y todos comenzamos a bailar y a festejar una temporada de verano más.

La fiesta acabó como a las 4 de la mañana, y después de una larga peregrinación, llegué a casa 5:30, justo a la hora que despierta papá para meterse a bañar. Se impresionó al verle llegar, porque creía que me quedaría dormir en casa de Reyna, pero no fue así. Preguntó si iría a la escuela y respondí que sí, pero que primero dormiría mínimo dos horas, es que tenía que demostrarle que soy responsable para que así, me deje salir más seguido los domingos en la noche. =)

El martes amanecía sintiéndome muy mal, fue de esos días en los que hasta te duele el cabello y las uñas, no quería ir a la escuela pero tenía que entregarle unas copias a mi amiga Fabi, así que con malestar y todo me dirigí a la escuela. Me forcé a llegar con vida a la tercera hora, y después de eso decidí que sería mejor regresar a mi casa. Llegué, me recosté un rato y cuando llegó mamá me dio uno de esos abrazos que sólo las mamás saben dar, aunque no me alivió del todo, sí me hizo sentir mejor. Después de eso, tuve que comenzar a adelantar mi tarea ya que, fui de las pocas personas que no iba a poder disfrutar del >>super<< puente. Tenía que trabajar desde el jueves.

Miércoles,ya me sentía mucho mejor. Sólo fui a la escuela a hacer como veinte mil exámenes de francés. Al llegar, mamá me llevó de >>shopping<< porque no tenía ropa para ir a trabajar el jueves. Me compró un trajecito bastante lindo.

El jueves fue el "gran" día, fui a trabajar en un evento del gobierno, por eso necesitaba ropa elegante. Llegué  junto con unos amigos a un lugar en el Centro Histórico, a un costado de la Plaza de la Constitución. Tuve "contacto" con gente muy importante, pero a la vez demasiado prepotente, pero en fin, fue una muy buena experiencia. En punto de las 11:30 de la noche, salí de ahí y me dirigí hacia Liverpool, donde me estaban esperando mis papás. Ellos fueron a ver el famoso >>Grito<< y yo aproveché para no regresarme solita a casa.

Llegó el viernes, tuve que ir a trabajar a la Feria. No hubo tanta gente como me había imaginado. Me tocó cerrar. Cuando regresé a mi casa, me puse a platicar con mis papás sobre mi día en el trabajo.

Decidí tomarme el día, el sábado, porque tuve que hacer un examen de África. Lo había olvidado. Además, la familia se reunió en casa para comer el tradicional pozole. Fue una tarde-noche muy amena, todos platicamos y reímos como hacía tiempo no lo hacíamos. Es más, hasta me ayudaron a hacer mi tarea.

Hoy sí tuve que ir a trabajar, me tocó abrir. Mi supervisor llegó un poco tarde para abrir el control y, por lo tanto, tuvimos que apresurarnos para levantar las cortinas y montar los juegos, ya que el parque estaba a punto de abrir sus puertas al público. Hubo mucha gente, mi juego vendió bastante bien, pero también terminé rendida. Susy me pidió que doblara turno, porque muchas compañeras no fueron, con todo el dolor de mi corazón le dije que no, porque la verdad estaba muy cansada.

Llegué directo a recostarme, las piernas me dolía bastante y, es que eso de andar subiendo y bajando a cada rato es bastante cansado. Después recordé que no había escrito en el blog y, la verdad no tenía ni idea de lo que iba a poner. Así que comencé a hacer un recuento de todo lo que pasó ésta semana y lo plasmé. ¡Caray, todo lo que puede pasar en una semana!

viernes, 16 de septiembre de 2011

OBEDIENCIA

Me puse a recordar cuando era pequeñita, en especial la parte en la que mis papás me trataban de inculcar obediencia. De inmediato, frases como "Mientras vivas bajo mi techo, vas a hacer lo que YO te diga", "Si no te parece, la puerta está muy ancha", "Te callas y haces lo que te pedí", "¿Te mandas sola o qué?" vinieron a mi mente. ¡Caray! cómo olvidar esas palabras tan dulces.

La verdad es que casi toda mi infancia me la pasé >>encerrada<< en mi casa, casi no me dejaban salir a jugar, para todo tenía que pedir permiso, no podía salir sola a la calle, jamás me pude subir a un árbol y tampoco hice pasteles de lodo. Claro que siempre ansiaba ir a casa de mi abue porque ella me llevaba al parque, ella me enseñó a mecerme en el columpio y a aventarme de la resbaladilla, en fin.

Tengo bien presente el último día que salí a jugar con mis vecinitos. Yo tenía seis años, estaba en el patio esperando a unos niños que habían ido a la tienda. En eso, escuché que le gritaron a Karime, una de las niñas que estaba afuera. Me acerqué al zaguán y traté de asomarme por si la veía para decirle que su mamá le llamaba. Sólo encontré a Hugo, otro de los niños, al verlo le dije -Oye...- y el respondió -¿Qué chin*a*** quieres?-. Me sorprendió el escucharlo decir esa palabrota, aún no me recuperaba del >>shock<<, cuando de pronto mi mamá se asomó a la puerta. Lo había escuchado también, ay es que las mamás tienen oídos biónicos. Acto seguido ella me grito -¡Métete en este instante, no voy a permitir que te hablen así. No vuelves a salir a jugar con nadie!-. Lo sé, fue una >>tontería<< pero así era mi mamá.

Al principio creí que la parte de "No vuelves a salir a jugar ..." era algo pasajero pero con el tiempo me di cuenta de que iba bastante enserio. Días, meses, e incluso años, pasaron y yo no salía. Y como es lógico, me volví sangrona y un poco solitaria. Tampoco digo que no tenía amigos, los tenía pero en la escuela, mi mamá me dejaba >>juntarme<< con ellos, porque según ella eran gente bien.

Como decía, me volví un poco solitaria y mis vecinos no ayudaban en mucho, creyeron que me había vuelto rara y poco a poco se alejaron de mi. Claro está que eso no me quitó el sueño porque, a final de cuentas, yo vivía encerrada en mi mundo.

Todo esto lo estoy escribiendo porque, resulta que, después de ocho años de mi vida llegó a la casa Maya. Creí que con ella utilizarían el mismo régimen disciplinario, es más, hasta ya me veía dándole consejos para que evitara meterse en problemas. Pero no fue así, no le tocó ni el mismo papá ni la misma mamá que a mi. Los tiempos cambian.

Ella hacía cosas que yo jamás en la vida me hubiera arriesgado a hacer y nunca vi la que reprendieran como a mi. Esto siempre me ha causado conflicto, no entiendo por qué fue así, acaso creyeron que >>echando a perder se aprende<<. ¿A mi me echaron a perder?.

A pesar de todo, confieso que admiro a Maya. Siempre hace lo que siente, no le importa el qué dirán, en cambio yo, me quedo con ganas de hacer y decir tantas cosas. Y es que a mi me siguen tratando como si aun tuviera seis años. Digo, igual y gracias a eso  soy quien soy y he llegado hasta donde estoy, pero a veces creo que pague un precio bastante alto.

A veces me resulta muy difícil romper reglas, no voy a darme golpes de pecho y a decir que no lo he hecho. Si he roto algunas reglas, no tanto como quisiera, pero sí. Y lo bueno o lo malo es que siempre que lo hago me queda el remordimiento y termino diciéndoles las cosas. Con esto gano o regaños o castigos, pero creo que también gano su confianza.

Ya entrando en confesiones, me queda decir que cada que hago un acto de >>rebeldía<< me siento viva y siento que se llena un poco ese gran vacío que la mayor parte del tiempo siento. No me arrepiento de nada. Bueno sí, me arrepiento de no seguir mis instintos por el miedo a defraudarlos. Y es que, ¿qué puedo hacer, si su forma de inculcarme obediencia fue bastante severa?.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Tiempo de Duelo

Fue uno de esos días en los que no tenía ganas de nada, simplemente quería dormir y poder soñar con un mañana sin final. Lo único malo, es que, últimamente el insomnio se apodera de mi. La razón claro que la conozco, pero en fin,  ya llegará el momento de poder descansar.

Justo cuando estaba sintiendo que Morfeo me llamaba a sus brazos, sonó el teléfono. Por un momento consideré la idea de no atender, pero después pensé que podría ser importante, así que traté de desperezarme. Me levanté de la cama y enseguida tropecé con una almohada que había tirado momentos antes. El teléfono seguía timbrando y yo gritaba - sí, ya oí, ahí voy, ¿a caso creen que estoy a lado de teléfono? ¡ash!. ¡Ja!, como si enserio creyera que la persona del otro lado de la línea pudiera escucharme. En fin, respondí con un -¿Diga?, imitando un tono adormilado que, por cierto, me salió a la perfección. El joven que respondió, pareció un poco avergonzado porque su voz sonó un poco bajita -Buenos días, se encuentra...-

Me dispuse a volver a mi cama tan calentita, pero después de pasar una noche más en vela, ya me dolía la espalda, así que mejor me puse a hacer la limpieza de la casa. Me di un break. Me obligué a comer un poco y, algo extraño en mi, tomé una taza de café con gotitas de vainilla. Hasta eso no supo tan mal =).

Entre sorbo y sorbo, me puse a pensar en mil y un cosas, entre ellas, los hechos recientes. Inmediatamente regresó la depresión; lo sabía, era cuestión de tiempo. Quiso salir una gotita de tristeza, pero inmediatamente la combatí. Terminé mi bebida y me dispuse a ver en la televisión una de mis pelis favoritas (excelente, lo que me hacía falta, más drama en mi vida). Terminé llorando, como siempre, es que me conmueve tanto la muerte de Mufasa =(.

Tomé una ducha y, aunque mi deseo era quedarme en pijama todo el día y atiborrarme de chocolates, cuando me vi al espejo decidí otra cosa, o sea, es que ese reflejo no era el mío, estaba pálida y ojerosa. Entonces decidí ponerme un poco de maquillaje, digo, para no parecer un muerto viviente.

Al poco rato llegó mi angelita y me ofreció salir de la casa. Fuimos a dar un paseo por las calles de la ciudad. Al salir de mi guarida, me di cuenta de que había un sol muy radiante (yo juraba que estaba nublado). Hice ese comentario en voz alta y ella sólo me vio, sonrió y me dijo: es normal.

Salimos a la calle, yo iba sumergida en mis pensamientos, pero a lo lejos alcanzaba a escucharla. Se dio cuenta de mi ausencia, me dio mucha pena, pero no le pude debatir cuando me dijo: ¿sigues pensando en lo mismo verdad?, sólo agaché la cabeza y mi vista se nubló un poco. Ella se detuvo y, de una manera bastante seria, me dijo -No me gusta verte así, ¿dónde está mi niña risueña, que se la pasa cantando y diciendo incoherencias? no dejes que algo así te haga olvidar tu esencia, ¿hasta cuándo vas a seguir así?-. No pude responder, tenía un gran nudo en la garganta. De pronto sólo pude decir -lo único que me gustaría saber es ¿por qué?-.

Durante las siguientes dos horas me forcé a seguir el hilo de la conversación para tratar de ocupar mi mente en otras cosas. Lo estaba haciendo bastante bien.

Me dijo que ya le había dado hambre, que pasáramos a comprar algo. Le dije que no tenía apetito, a pesar de que seguía sintiendo un gran vacío en el estómago, eso no quería decir que tuviera hambre. Lo único que le dije fue -tengo ganas de algo dulce-. Ella sólo movió la cabeza y dijo -bueno, ahorita compramos algo-.

Antes de llegar de nuevo a la casa, hicimos una escala técnica en una tienda de listones. Me agarró desprevenida cuando la escuché decirme: mira, te voy a dar tu espacio y tu tiempo para el duelo, pero quiero que sepas que después de ese periodo, ya no te voy a consentir y, hasta me voy a enojar contigo si te vuelvo a ver así, ¿estamos?. Eso me dejó helada, pero a la vez le agradecí.


jueves, 8 de septiembre de 2011

Siempre quise un hermanito

Recuerdo que cuando tenía cinco años (más o menos) siempre molestaba  a mis papás diciéndoles: ¡quiero un hermanito!, ¡quiero un hermanito!, es más, solía disfrazarme de niño usando unas botitas cafés (que alguien tuvo la atinada idea de regalarme) y a todos los que estuvieran dispuestos a seguirme el juego les preguntaba si querían conocer a ElizaBetho, ellos respondían con una sonrisa y luego decían: sí claro, ¿dónde está?; yo alegremente contestaba: ahorita viene, está en mi recámara. Corría, me metía debajo de la cama para sacar aquellas botitas y, una vez que me las ponía, salía y me presentaba: ¡Hola!, yo soy ElizaBetho.

Pasaron los años y, de repente ¡zaz!, mi mami me dio la noticia de que iba a tener un bebé. Juro que recé sin cesar para que fuera niño, pero por caprichos del destino no fue así, en lugar de un apuesto príncipe, a mi hogar entró un hermosa princesa que desde el primer momento puso mi mundo de cabeza. Pero bueno, tendrá que disculparme porque en esta ocasión no hablaré de ella, su historia la contaré a su debido tiempo.

En fin, la idea es que yo siempre quise un hermano.

Un día de esos en los que no hay nada mejor que hacer que ponerse a reflexionar un poco, me dije: ¡caray!, ¿cómo no lo vi antes?, creo que ese hermano que tanto he querido, ya lo tengo. Estaba tan feliz con esa idea pero me llevé una gran decepción, aquél a quien había visualizado no era más que mera ilusión, pero bueno c'est la vie!.

Siguió pasando el tiempo, entré a la Universidad y de pronto lo vi. Al principio no le tomé importancia, después hasta creo que me caía un poco mal (bueno, no me vengan con que jamás han juzgado a la gente sin conocerla).

Un día decidí inscribirme a un "taller de idioma" el cual, si se me permite decirlo, no terminé. Él se inscribió en ese mismo curso, fue ahí cuando lo empecé a tratar más. Me hacía reír bastante, además me inspiró mucha confianza y, al poco tiempo, ya sabía casi toda mi vida.

Tengo bien presente que fue justo en vacaciones de invierno, uno de esos días en los que soy esclava de la computadora, él estaba conectado. Nos pusimos a platicar como de costumbre y me dije: es el momento de hacerle la pregunta del millón. Me armé de valor y le pregunté si quería ser mi hermanito. Para mi sorpresa, no respondía. Eso me dio un poco de tristeza, así que sólo le dejé un mensajito de despedida. Al poco rato sonó mi celular, era un mensaje de él en el cual  me explicaba que no había estado frente a la compu, pero que le encantaba la idea de ser mi hermano.

Y fue así como lo encontré. Encontré a mi Beto. A quien le agradezco esas largas y amenas pláticas en las que me he dado cuenta que somos muy parecidos, pero a la vez tan diferentes. Creo que eso es lo que nos hace estar juntos y llevarnos tan bien. Con él puedo platicar de cualquier tema y eso no se puede hacer con cualquier persona.

Le agradezco los consejos, los abrazos, las palabras de aliento, los regaños, los piropos, las enseñanzas, el tiempo, las risas. También debo darle gracias por ayudarme a levantar cuando caigo, por compartir sus problemas conmigo y por asumir los míos como suyos, por darme esa motivación para seguir adelante con este camino que decidí tomar, por compartir sus sueños con los míos, por soñar junto conmigo, pero sobretodo, por aceptar entrar en mi mundo y ser una de esas estrellas que iluminan mi firmamento cuando todo está oscuro.


domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobreviviendo

Siempre había escuchado que las drogas eran malas, que hacían que las personas se volvieran dependientes. La verdad no me convencían mucho esas palabras que escuchaba en los medios de comunicación. Además creí que eso estaba muy alejado de mi mundo; hasta que un día ¡zaaaaaz!, caí. Sería una mentirosa si dijera que no recuerdo cuándo sucedió, porque en verdad que tengo muy presente la fecha, el lugar, es más, hasta sé qué ropa traía puesta.

Suena un poco increíble (cuando no lo has vivido), la idea de que haya ciertas cosas que vuelvan tan esenciales para la vida de alguien, en este caso: la mía. Pero así fue, aquello se convirtió en mi talón de Aquiles.

Al princpio lo tomé como un "juego de niños", porque a final de cuentas yo me la pasaba bien, estaba descubriendo muchas cosas, unas buenas y otras no tanto, pero después, a pesar de que ya sabía que no podía controlar la situación, eso no impidió que me detuviera, al contrario, cada vez era más intensa la necesidad de... No podía dormir con la emoción que me provocaba saber que al día siguiente iba a tener una pequeña dosis, aunque no era a diario, por lo menos cuatro días a la semana y, si bien me iba podrían ser hasta cinco o seis, eso me hacía inmensamente feliz. Y es que por ahí dicen que de lo bueno poco.

Durante ese tiempo mi vida cambió por completo; primero, como es lógico, vino la efusividad, la emoción, es más, hasta me atrevo a decir que un poco de adrenalina se hizo presente, y es que la dosis iba aumentando cada vez más y yo me acostumbre, gran error. Llegó un momento en que la cantidad se estancó, pero yo me seguía sintiendo muy a gusto, mi mundo estaba lleno de luz. Pero nunca me di cuenta, hasta que ya era demasiado tarde, que esa luz no provenía del sol, sino que se trataba de un montón de destellos artificiales que ocupaban gran parte de mi firmamento =(

Después caí en la cuenta de que ya había rebasado mis límites y fue cuando decidí poner un poco de distancia; aunque debo confesar que me dio mucho miedo,  no sabía cómo iba a poder sobrevivir sin eso que se había vuelto tan indispensable en mi vida, así que me no me alejé del todo, digo, no soy tonta, sabía que no sería fácil; después de todo el tiempo que pasé dependiendo de... (casi 7 años). Debía intentarlo.  Hice trampa, de vez en cuando volvía a probar un poco, pero lo mejor fue que llegó un momento en que supe controlarlo, es más llegué a creer que ya era definitivo: que acabaría con aquella dependencia, pero de nuevo me equivoqué.

La ansiedad volvió de nuevo. Recaí. Sé qué muchas personas se decepcionaron, me fallé a mi misma. No me importó, porque aquel sentimiento era idéntico a la felicidad y yo lo único que quería era ser feliz con él. Ese falso sentir me fue destruyendo poco a poco, ¡al grado de olvidar quién era!.

Ni tocando fondo era capaz de decir ¡ya basta!, insistía en aumentar la dosis, pero ya no había más. A lo largo de esos siete años me había acabado TODO, no podía creerlo, para mí, el tiempo que viví en ese mundo había sido muy poco, hice lo que estuvo en mis manos por conseguir más, pero sólo obtenía negativas. Me deprimí mucho, tuve que dejar a mis amigos; recuerdo bien sus reacciones ante mi decisión, sólo unos cuantos sabían lo que estaba pasando, mi papás estaban muy alarmados.

Perdí muchas cosas, entre ellas, la dignidad, y sí, me da vergüenza admitirlo.

Pasó el tiempo, las cosas parecían calmarse, hasta podría decir que en ocasiones el sol se asomaba a, lo que parecía, mi eterna oscuridad. Pero yo seguía sintiendo ese gran vacío. Aprendí a sobrevivir con lo que tenía, aunque a veces en esas noches sin fin las pasaba recordando aquellas sensaciones. Lloraba y quería regresar el tiempo. Así transcurría mi vida, encontré actividades que me permitían alejar de mi mente cosas que no me traían nada bueno. Hasta que un día se me ocurrió ir a dar una vuelta al pasado y, sí, efectivamente, volví a las drogas. Bien dicen "nunca vuelvas a aquel lugar donde fuiste feliz".

En fin, esa es la historia de mi vida, a pesar de que pasa el tiempo, de todo lo que padecí, no puedo dejar hábito de recaer. La mayoría de las veces me puedo controlar, pero otras no. Ahí es cuando viene el pasón. Nada grave, pero debo confesar que si he sentido esa sensación de que ya no puedo seguir adelante y, de repente, el cielo que parecía tan gris y con miles de hipopótamos rebotando sin rumbo fijo, se torna azulado y comienzan a salir los rayos del sol. Sí, esos que siempre habían estado detrás, aguardando el momento para alumbrar mi camino.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El verano que pronto pasó

Siempre había querido que, por lo menos, uno de mis veranos fuera diferente. Parece que se me cumplió, el verano 2011 será uno que jamás podré olvidar. Para empezar, los anteriores siempre me la pasaba diciendo: "si, este año me pongo a buscar trabajo", es que la verdad, a pesar de que eran vacaciones y, al principio, salía con mis amigos o había una que otra fiesta interesante a la cual asistir, llegaba un momento en ya no había nada que hacer, me quedaba aburrida en mi casa, porque la mayoría de mis amigos y familiares se iban del D. F. a disfrutar de la playita o simplemente se iban a relajar a otro lugar.

Fue por eso que, decidí buscar un trabajo que se acoplara a mis "necesidades" y lo encontré. Decidí sacrificar mis vacaciones, fines de semana e, incluso, días festivos. Así conseguía matar dos pájaros de un tiro: por un lado, ya tenía algo en qué ocuparme (ja, como si la escuela no fuera suficiente) y, por otro, tenía dinero y podía comprarme mis lujitos. Mis papás no estaban de acuerdo, porque creían que iba a descuidar la escuela porque me iba a gustar más el dinero, pero siempre me apoyaste. Siendo sincera, no fue nada fácil conjugar la escuela con el trabajo, pero poco a poco aprendí a organizarme. A lo largo de mi vida laboral conocí gente nueva, buenos amigos, experiencias de vida, y, aunque no todo ha sido miel sobre hojuelas, siempre se aprende algo nuevo.

Este verano todo fue diferente porque me la pasé trabajando, me perdí algunas fiestas, cumplí años y no lo celebré en grande, pero aún así la pasé increíble con las tres mujeres más importantes de mi vida, pero lo que más me dejó marcada fue tu partida. Aun no lo puedo creer, se me hace un sueño, de esos en los que, cuando despiertas casi no te acuerdas de nada, todo lo ves borroso, pero sabes que, el simple hecho de recordar, duele.

De ahora en adelante, los domingos familiares a los que había renunciado ya no serán los mismos, ya no cruzaras esa puerta, ya no dirás "¿quién tiene ganas de comer pastelito?,  no será lo mismo ver aquellos partidos de fútbol sin ti. Tu silla ha quedado vacía, y cada que volteo a verla, siento un hueco enorme en el estómago. En fin, así es la vida; cuando uno menos se lo espera, lo bueno siempre se nos va. No puedo creer que de eso ya pasaron ¡casi cuatro semanas!. El tiempo se ha pasado tan rápido, entre la escuela y el trabajo, tal vez por eso sea que no me cae el veinte. Con decirte que cuando me toca salir tarde del trabajo, aun llego corriendo a buscarte para contarte como me fue, pero al entrar a esa habitación y verla tan vacía, de pronto digo "caray, hasta cuándo me acostumbraré a ya no verte".

Creo que si aun no me hago a la idea, es porque, el hecho de mantenerme ocupada no me ha dejado pensar bien las cosas, he perdido la noción del tiempo, y por eso, cada que recuerdo que no estás aquí, digo: ¡Qué rápido pasó el verano!, ese verano que me dejó cosas buenas y tristezas inigualables.

Hoy decidí dedicarte esta entrada a ti, que siempre estuviste conmigo, que me cuidaste cuando estaba enferma, que me llevabas a la escuela cuando mis papás no podían, que viviste conmigo durante tantos años, que me ayudabas a estudiar para mis exámenes de Derecho, que, cuando llegaba de la escuela, siempre me recibías con una sonrisa, que siempre me dabas sabios consejos. Gracias por todo el cariño y el apoyo que me diste, jamás te voy a olvidar.