Fue uno de esos días en los que no tenía ganas de nada, simplemente quería dormir y poder soñar con un mañana sin final. Lo único malo, es que, últimamente el insomnio se apodera de mi. La razón claro que la conozco, pero en fin, ya llegará el momento de poder descansar.
Justo cuando estaba sintiendo que Morfeo me llamaba a sus brazos, sonó el teléfono. Por un momento consideré la idea de no atender, pero después pensé que podría ser importante, así que traté de desperezarme. Me levanté de la cama y enseguida tropecé con una almohada que había tirado momentos antes. El teléfono seguía timbrando y yo gritaba - sí, ya oí, ahí voy, ¿a caso creen que estoy a lado de teléfono? ¡ash!. ¡Ja!, como si enserio creyera que la persona del otro lado de la línea pudiera escucharme. En fin, respondí con un -¿Diga?, imitando un tono adormilado que, por cierto, me salió a la perfección. El joven que respondió, pareció un poco avergonzado porque su voz sonó un poco bajita -Buenos días, se encuentra...-
Me dispuse a volver a mi cama tan calentita, pero después de pasar una noche más en vela, ya me dolía la espalda, así que mejor me puse a hacer la limpieza de la casa. Me di un break. Me obligué a comer un poco y, algo extraño en mi, tomé una taza de café con gotitas de vainilla. Hasta eso no supo tan mal =).
Entre sorbo y sorbo, me puse a pensar en mil y un cosas, entre ellas, los hechos recientes. Inmediatamente regresó la depresión; lo sabía, era cuestión de tiempo. Quiso salir una gotita de tristeza, pero inmediatamente la combatí. Terminé mi bebida y me dispuse a ver en la televisión una de mis pelis favoritas (excelente, lo que me hacía falta, más drama en mi vida). Terminé llorando, como siempre, es que me conmueve tanto la muerte de Mufasa =(.
Tomé una ducha y, aunque mi deseo era quedarme en pijama todo el día y atiborrarme de chocolates, cuando me vi al espejo decidí otra cosa, o sea, es que ese reflejo no era el mío, estaba pálida y ojerosa. Entonces decidí ponerme un poco de maquillaje, digo, para no parecer un muerto viviente.
Al poco rato llegó mi angelita y me ofreció salir de la casa. Fuimos a dar un paseo por las calles de la ciudad. Al salir de mi guarida, me di cuenta de que había un sol muy radiante (yo juraba que estaba nublado). Hice ese comentario en voz alta y ella sólo me vio, sonrió y me dijo: es normal.
Salimos a la calle, yo iba sumergida en mis pensamientos, pero a lo lejos alcanzaba a escucharla. Se dio cuenta de mi ausencia, me dio mucha pena, pero no le pude debatir cuando me dijo: ¿sigues pensando en lo mismo verdad?, sólo agaché la cabeza y mi vista se nubló un poco. Ella se detuvo y, de una manera bastante seria, me dijo -No me gusta verte así, ¿dónde está mi niña risueña, que se la pasa cantando y diciendo incoherencias? no dejes que algo así te haga olvidar tu esencia, ¿hasta cuándo vas a seguir así?-. No pude responder, tenía un gran nudo en la garganta. De pronto sólo pude decir -lo único que me gustaría saber es ¿por qué?-.
Durante las siguientes dos horas me forcé a seguir el hilo de la conversación para tratar de ocupar mi mente en otras cosas. Lo estaba haciendo bastante bien.
Me dijo que ya le había dado hambre, que pasáramos a comprar algo. Le dije que no tenía apetito, a pesar de que seguía sintiendo un gran vacío en el estómago, eso no quería decir que tuviera hambre. Lo único que le dije fue -tengo ganas de algo dulce-. Ella sólo movió la cabeza y dijo -bueno, ahorita compramos algo-.
Antes de llegar de nuevo a la casa, hicimos una escala técnica en una tienda de listones. Me agarró desprevenida cuando la escuché decirme: mira, te voy a dar tu espacio y tu tiempo para el duelo, pero quiero que sepas que después de ese periodo, ya no te voy a consentir y, hasta me voy a enojar contigo si te vuelvo a ver así, ¿estamos?. Eso me dejó helada, pero a la vez le agradecí.
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