domingo, 4 de septiembre de 2011

Sobreviviendo

Siempre había escuchado que las drogas eran malas, que hacían que las personas se volvieran dependientes. La verdad no me convencían mucho esas palabras que escuchaba en los medios de comunicación. Además creí que eso estaba muy alejado de mi mundo; hasta que un día ¡zaaaaaz!, caí. Sería una mentirosa si dijera que no recuerdo cuándo sucedió, porque en verdad que tengo muy presente la fecha, el lugar, es más, hasta sé qué ropa traía puesta.

Suena un poco increíble (cuando no lo has vivido), la idea de que haya ciertas cosas que vuelvan tan esenciales para la vida de alguien, en este caso: la mía. Pero así fue, aquello se convirtió en mi talón de Aquiles.

Al princpio lo tomé como un "juego de niños", porque a final de cuentas yo me la pasaba bien, estaba descubriendo muchas cosas, unas buenas y otras no tanto, pero después, a pesar de que ya sabía que no podía controlar la situación, eso no impidió que me detuviera, al contrario, cada vez era más intensa la necesidad de... No podía dormir con la emoción que me provocaba saber que al día siguiente iba a tener una pequeña dosis, aunque no era a diario, por lo menos cuatro días a la semana y, si bien me iba podrían ser hasta cinco o seis, eso me hacía inmensamente feliz. Y es que por ahí dicen que de lo bueno poco.

Durante ese tiempo mi vida cambió por completo; primero, como es lógico, vino la efusividad, la emoción, es más, hasta me atrevo a decir que un poco de adrenalina se hizo presente, y es que la dosis iba aumentando cada vez más y yo me acostumbre, gran error. Llegó un momento en que la cantidad se estancó, pero yo me seguía sintiendo muy a gusto, mi mundo estaba lleno de luz. Pero nunca me di cuenta, hasta que ya era demasiado tarde, que esa luz no provenía del sol, sino que se trataba de un montón de destellos artificiales que ocupaban gran parte de mi firmamento =(

Después caí en la cuenta de que ya había rebasado mis límites y fue cuando decidí poner un poco de distancia; aunque debo confesar que me dio mucho miedo,  no sabía cómo iba a poder sobrevivir sin eso que se había vuelto tan indispensable en mi vida, así que me no me alejé del todo, digo, no soy tonta, sabía que no sería fácil; después de todo el tiempo que pasé dependiendo de... (casi 7 años). Debía intentarlo.  Hice trampa, de vez en cuando volvía a probar un poco, pero lo mejor fue que llegó un momento en que supe controlarlo, es más llegué a creer que ya era definitivo: que acabaría con aquella dependencia, pero de nuevo me equivoqué.

La ansiedad volvió de nuevo. Recaí. Sé qué muchas personas se decepcionaron, me fallé a mi misma. No me importó, porque aquel sentimiento era idéntico a la felicidad y yo lo único que quería era ser feliz con él. Ese falso sentir me fue destruyendo poco a poco, ¡al grado de olvidar quién era!.

Ni tocando fondo era capaz de decir ¡ya basta!, insistía en aumentar la dosis, pero ya no había más. A lo largo de esos siete años me había acabado TODO, no podía creerlo, para mí, el tiempo que viví en ese mundo había sido muy poco, hice lo que estuvo en mis manos por conseguir más, pero sólo obtenía negativas. Me deprimí mucho, tuve que dejar a mis amigos; recuerdo bien sus reacciones ante mi decisión, sólo unos cuantos sabían lo que estaba pasando, mi papás estaban muy alarmados.

Perdí muchas cosas, entre ellas, la dignidad, y sí, me da vergüenza admitirlo.

Pasó el tiempo, las cosas parecían calmarse, hasta podría decir que en ocasiones el sol se asomaba a, lo que parecía, mi eterna oscuridad. Pero yo seguía sintiendo ese gran vacío. Aprendí a sobrevivir con lo que tenía, aunque a veces en esas noches sin fin las pasaba recordando aquellas sensaciones. Lloraba y quería regresar el tiempo. Así transcurría mi vida, encontré actividades que me permitían alejar de mi mente cosas que no me traían nada bueno. Hasta que un día se me ocurrió ir a dar una vuelta al pasado y, sí, efectivamente, volví a las drogas. Bien dicen "nunca vuelvas a aquel lugar donde fuiste feliz".

En fin, esa es la historia de mi vida, a pesar de que pasa el tiempo, de todo lo que padecí, no puedo dejar hábito de recaer. La mayoría de las veces me puedo controlar, pero otras no. Ahí es cuando viene el pasón. Nada grave, pero debo confesar que si he sentido esa sensación de que ya no puedo seguir adelante y, de repente, el cielo que parecía tan gris y con miles de hipopótamos rebotando sin rumbo fijo, se torna azulado y comienzan a salir los rayos del sol. Sí, esos que siempre habían estado detrás, aguardando el momento para alumbrar mi camino.

1 comentario:

  1. Gracias por tener la confianza de compartir esto. Recuerda que no estás sola. En otros temas más triviales, auqnue importantes para tu tesis, relee lo que escribes, por ejemplo: "no podía controlar la situación, eso no impidió que me detuviera, al contrario, cada vez era más intensa la necesidad de..." más bien sería "eso no impidió que continuara"

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