domingo, 27 de noviembre de 2011

Un viernes de locos

Como recordarán, dejé de escribir para dirigirme a la super fiesta de Polacas. Bueno, pues resulta que me había quedado de ver con Noel en la glorieta de Insurgentes, se suponía que la cita era a las 4:30, pero, como siempre, llegó tarde. Caminamos hacia el metrobús. Ninguno de los dos traía tarjeta y tuvimos la suerte de encotrarnos con Lalo, quien, muy amablemente nos hizo el favor de prestarnos la suya.

Ya estábamos en camino al festejo cuando, de pronto, él recibió un mensaje de su amiga Esmeralda donde le pedía que le llamara, era urgente. Le llamó. No eran buenas noticias, decía que la fiesta estaba por acabar, que a todos los estaban sacando porque llegó más gente de la que esperaban, en fin, se hizo un caos total. Aun con eso, decidimos llegar al lugar para ver, con nuestros propios ojos, lo que estaba sucediendo.

Al llegar ahí, nos percatamos de que había bastantes chavos; algunos entraban al metrobús, otros salían de él, unos más se dirigían calle arriba y, decidimos segurlos. Fue una mala idea, ya que al final, tuvimos que preguntar dónde quedaba "Limantitla", porque todos estábamos perdidos. Cuando llegamos al terreno que habían rentado, nos percatamos de que había más jóvenes estorbando en la calle, embases de cervezas vacíos tirados por doquier, algunos estaban molestos porque les apagaron la fiesta y otros más estaban planeando irse a algún otro lugar. Noel y yo nos encontramos con Esmerlada, nos platicó lo que había ocurrido y, aún así, decidimos aventurarnos a entrar al lugar.

Fue todo un relajo. Casi no se podía pasar y, justo cuando estábamos por cruzar la puerta, unos tipos empezaron a golpearse; se hizo un círculo alrededor de ellos y, en ese momento, nosotros entramos al terreno. El olor era una mezcla de alcohol, mota, sudor (¡guácala!). Todos se estaban empujando. Noel dijo que presentía que eso no iba a terminar bien, así que decidimos que lo mejor era retirarnos. Nos quedamos un rato más afuera del lugar, vimos otros conflictos.

A eso de las siete de la noche, decidimos que era tiempo de retirarnos, hablamos con Memo para decirle que nos esperara en la estación Doctor Gálvez para que, de ahí, pudiéramos ir a otro lado. Claro que, yo tenía el tiempo medido porque tenía otro compromiso: el Thanksgiving day.

Al llegar a Insurgentes nos dimos cuenta de que sería imposible entrar al metrobús, además, yo necesitaba cambiarme de ropa, así que, primero entramos a un Burger King. Necesitaba usar el baño únicamente para cambiarme el pantalón, pero no me dejaron pasar sino consumía. Entonces, nos salimos y tuve que usar como vestidor dos camionetas; en medio de ellas me cambié, mientras que Noel y Esme echaban aguas. ¡Fue tan gracioso y extremo!, jamás se me hubiera ocurrido hacer algo así, pero la ocasión lo ameritaba.

Total, salimos de ahí, quisimos tomar un taxi que nos llevara a encontrarnos con Memo, pero nadie quería hacernos la parada, por lo que tuvimos que subirnos a un pesero que nos llevó a San Fernando. Ahí nos bajamos y Esme tomó otro que la llevaría a metro Toreo. Mientras que nosotros tuvimos que esperar uno que nos dejara cerca de Perisur. Había mucho tráfico. Llegamos a Doctor Gálvez casi a las 8:30, Memo ya se había ido y Noel me acompañó a Revolución a tomar otro pesero que me llevara al metro Barranca del Muerto.

Debo decir que yo no sé andar sola por las calles de la ciudad y menos de noche, por lo que me asustaba le hecho de tener que ir a un lugar donde no conocía.

Llegué a Barranca, tomé el tren. Al llegar a la estación San Antonio, busqué un mapa para ubicar la calle Botticelli, la encontré pero no sabía si estaba del lado correcto entonces le pedí al policía que me señalara de qué lado debía salir.La calle estaba un poco oscura.

Finalmente, di con el lugar de la reunión. Entré, no sabía para dónde ir, además no conocía a nadie.Me gustó como estaba decorado el lugar. Tomé asiento. La profesora dio unas palabras de agradecimiento, después cada quien dijo lo que había aportado para la ocasión; yo no dije nada, yo sólo iba de colada. Las palabras que más me agradaron y que más ansias tenía de escuchar fueron: "bueno pues, pasen a servirse". Moría de hambre. Había que hacer fila, pero todo estaba muy rico, cené como sino hubiera mañana.

Tan ajetreado estuvo mi día, que no me acordé de llamar a mi casa para avisar que llegaría tarde, por lo que mi mamá estuvo marcándome a mi celular, lo malo era que no le había podido contestar porque mi teléfono estaba metido en la bolsa. En fin, esas llamadas me hicieron ver que tenía que regresar ya a casa. Me despedí de la profesora, quien, muy amable me dio dos rebanadas de pay (muy rico por cierto).

Llegué a mi casa y mi papi estaba un poco molesto, pero todo se solucionó. Estaba tan cansada que sólo quería entrar a mi recámara y dormir. Eso de andar en tacones no es lo mío. Al final, mi mamá me preguntó: "cómo estuvo tu día" y yo sólo dije: "fue un viernes de locos".


viernes, 25 de noviembre de 2011

Otro que se nos va

Efectivamente, otro semestre está por acabar. A decir verdad, casi no me quejaba de mi horario: entrar a las 7 de la mañana y salir a las 6 de tarde, bueno, eso era sólo martes y viernes. Los martes sólo esperaba una hora, ya que de 1 a 3, me tenía mi entretenida clase de francés (sí, fue sarcasmo), pero, lo viernes si me costaba un poquito de trabajo encontrar algo que hacer, mientras esperaba mi siguiente clase.

La verdad, creo que valió la pena el esfuerzo, la elección que hice de tomar clases con la profesora Ana Cristina fue, a mi parecer, la mejor. Las lecturas, las actividades, el ambiente tan tranquilo y relajado del salón, el apoyo que daba la profesora a los alumnos que, como yo, aún no lograban definir su tema de investigación, etc., hicieron que no me arrepintiera.

Aprendí que de cualquier tema se puede sacar una tesis, aunque aún no logre enfocar muy bien el que yo deseo realizar. Además, el hecho de que la maestra no nos hubiera estado presionando, me resulto muy útil, porque la verdad, yo no funciono bajo presión. Por eso, siempre me burlaba de mis amigos que tomaban clases con otros profesores, cuando salían de sus clases todos traumados porque les habían regresado el proyecto y sólo me decían: "ahora me sale con que mi trabajo no tiene espesores", "me dijeron que forzosamente necesito utilizar una teoría", "mi hipótesis debe ser, máximo de una cuartilla".

Yo sólo les decía cosas como: "¡caray!, tengo que hacer un proyecto de chiles en nogada y a mi ni me gustan", "hoy hicimos un proyecto sobre la hamburguesa y resultó bastante educativo y entretenido" y, la mejor, "nuestro examen fue tipo rally y me puse a correr por toda la facultad, ¡sabía que no debía llevar botas de tacón ese día!".

Debo confesar que me encantaría tomar los siguientes seminarios con ella pero, aunque no he revisado los horarios porque aun no salen, me parece que su clase es en la noche. ¿No podría cambiarse a la mañana?. En fin, ya veré cómo le hago.

Bueno, hablando de las demás materias, creo que el único frijol en el arroz fue la Optativa, mejor me hubiera esperado a tomarla en noveno con una de las mejores profesoras que he tenido, mi Yadis querida, en fin, son cosas que pasan y pues cada día es una experiencia más. Aunque, creo que tendré que recursarla si el profe insiste en tomar en cuenta la asistencia. ¡Qué triste!, por querer adelantar, creo que salió junto con pegado.

África y Medio Oriente, fueron dos clases que jamás me imaginé que pudieran llamar tanto mi atención, creo que la forma en cómo mis profesores exponían los temas hizo que me gustara y que mi asistencia fuera constante, ya que, sino iba, me perdía. Aclaro que siguen sin ser mis regiones favoritas. En cuanto a Negociaciones, me queda claro que el profesor sabe bastante, nos dio muchos tips para usarlos a la hora de entablar una entrevista, la clase era un poco tediosa, pero al final, aprendí bastante.

Pero bueno, como ya lo dije, el semestre se nos fue, así que yo también me voy...  al Thanksgiving day que organiza el grupo de Estados Unidos de la profesora Petersen, sólo espero no perderme. Aunque antes, haré una pequeña escala en la fiesta de fin de cursos de la Facultad. =)

domingo, 20 de noviembre de 2011

Tan amigos como siempre

¿No les ha pasado que, en ocasiones, sostienen esas pláticas domingueras donde, después de un rato, salen a relucir cosas del pasado?, pues a mi me pasó justo hoy. Todo estaba bien, hasta que se hizo un comentario equivocado en el momento menos oportuno. De ahí comencé a sacar cosas que, a pesar de que ya pasaron los años, aun había veces que no me dejaban dormir.

Reclamé, no quería hacerlo. Y, como es lógico, él replicó con ese lenguaje que me cuesta trabajo entender, hizo una pregunta: ¿en verdad somos un instante?. No supe responder. Me quedé pensando, mientras él escribía.

Traía a colación lo mal que me había portado con él, bueno, no tanto así, la verdad es que sólo le bastó con un comentario para hacerme sentir la peor persona del mundo. Y tenía razón, no podía decir nada en mi defensa, no tenía armas para hacerlo. Traté de arreglar mis palabras, pero ya no tenía caso. Las palabras no se pueden borrar así como así, él lo sabía. Las disculpas no servían de nada, lo dicho, dicho estaba y punto.

Él creía que para mí siempre iba a ser esa persona que terminó con una etapa de mi vida por medio de una llamada telefónica y, que a mi parecer, él siempre iba a creer que yo había sido la chica que lo "abandonó" una semana para irse a la playa y hacer de las suyas. Las cosas no eran así, pero es que es tan necio, que no lograba hacerlo entrar en razón.  Él se sintió mal y yo, bueno, me sentí peor que una chinche.

Y es que en un instante se pueden perder tantas cosas buenas, una gran amistad por ejemplo. ¡Vaya, jamás creí dedicarle un escrito de nuevo!, pero es que la ocasión lo amerita. Sólo espero que ambos logremos entrar en razón, él para dejar de creer que sabe lo que pasa por mi mente y yo, para poner los pies sobre la tierra y darme cuenta que desde hace tiempo dejamos de ser pareja y hoy sólo quedamos tan amigos como siempre.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Salvatore

Hoy toca el turno de otra de mis series preferidas, The Vampire Diaries, como el nombre lo indica, la trama gira  en torno a un vampiro, Stefan Salvatore, quien se enamoró perdidamente de la mujer que fue la culpable de convertirlo, Katherine. El problema es que no fue el único, a su hermano Damon le ocurrió lo mismo. Ambos amaban a la misma mujer, pero, por azares del destino, tuvieron que separarse debido a que Katherine fue detenida y la encerraron en una cueva junto con otros vampiros, donde tuvo que permanecer por más de cien años o, por lo menos, eso fue lo que creyeron los hermanos Salvatore. 

Como ya dije, pasó más de un siglo desde que cambió la vida de los hermanos Salvatore, se separaron, pero al final se volvieron a reunir en el mismo lugar donde todo comenzó, Mistic Falls. Stefan es el primero en regresar y, justo el primer día, conoce a Elena, quien resulta ser la copia exacta de Katherine. Se enamoran a primera vista.

A los pocos días, llega Damon, conoce a Elena y trata de hacer todo lo posible por conquistarla, pero es en vano, ya que su corazón le pertenece a su hermano o, por lo menos, eso parecía en las primeras dos temporadas.

Después de tres temporadas, las cosas han cambiado. Han muerto varias personas, otras han revivido, otras se convierten en vampiros y unas más en lobos o híbridos, en fin, hay de todo un poco. Pero parece ser que Elena se muestra más interesada en Damon. Y digo, no es para menos, es tan guapo, con esos ojos azul intenso, esa sonrisa que lo hace ver como si no rompiera un plato, con ese carácter que lo hace parecer por fuera como una fortaleza impenetrable, pero, por dentro aun conserva algo de humanidad y esconde esa debilidad que tiene ante Elena.

En fin, resulta que en último episodio, el malo de esta temporada, Klaus, mata a su padrastro. Le regresa su lado humano a Stefan y piensa reunirse con su hermana, Rebekah, pero ella ya está muerta. Total que los planes de K no resultan y cuando va a buscar a su familia, a la cual tenía encerrada en una especie de bodega con estacas atravesándoles en corazón, no la encuentra. En eso, recibe una llamada, es Stefan, quien está muy enojado y le dice que si él se entera de que le hizo daño a alguno de sus seres queridos, no vuelve a ver a su familia. Está a punto de desatarse la guerra y no pienso perdérmela.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Carta a mis padres

Sábado, ese día de la semana en que la familia se pone a limpiar la casa. Resulta que mamá estaba sacando algunos documentos para tirar lo que ya no servía y, de pronto, me llamó. Fui hacia ella y me dijo: Acabo de encontrar aquella carta que nos escribiste (a ella y a papá).

Me dio mucho gusto saber que después de tantos años, esas palabras que en alguna ocasión hicieron llorar a mi papi, aun seguían ahí, guardardas en el baúl de los recuerdos. Fue algo que escribí cuando cursaba segundo de secundaria. Y dice lo siguiente:
"A mis padres:

Hola pa's!! Espero que al leer esta pequeña carta se encuentren muy bien de salud.

Eh... bueno pues la verdad no sé cómo podría comenzar... puede ser que les diga lo mucho que los quiero y aprecio, tal vez diciendo que les agradezco todos los sacrificios que han hecho por mi hermana y por mí, en fin... son tantas cosas que les tengo que decir que no sé ni cómo hacerlo y tampoco sé si estas simples líneas lo podrán expresar completamente.

OK pues comencemos: sé que no soy la hija perfecta y que ustedes querrían tener ya que soy un ser humano y como tal tengo defectos y virtudes, así como aciertos y errores.

Quisiera que supieran que les agradezco mucho que cuando los necesito, siempre están ahí a mi lado para apoyarme y ayudarme. Estoy consiente de que en ocasiones me porto mal o cometo algunos errores y, si me regañan no es por molestar sino porque me quieren y, por lo mismo, me corrigen para que ya no cometa las mismas equivocaciones y  sea una mejor persona.

Mil gracias por darme un hogar, una buena educación, una familia pero, sobretodo, amor, cariño, compresión, etc., porque alguien me dijo que el amor de padres es único y muy valioso y no hay en el mundo otro igual. Me doy cuenta que tiene mucha razón.

En ocasiones llegan a mi mente aquellos recuerdos tan bonitos de cuando era pequeña y en las noches tenía pesadillas. Iba a su recámara diciendo que había soñado feo y les preguntaba si me podía dormir en medio de los dos, así me sentía protegía por mis dos héroes: Mamá y papá... también recuerdo que ya quería crecer, ya quería ser 'niña grande', pero ya no soy una niña y tampoco soy adulta, tal vez por eso me sienta un poco confundida algunas veces, pero lo mejor de todo es que ustedes están y estarán ahí para apoyarme siempre.

Como es lógico y normal, estoy entrando a la adolescencia y han hablado infinidad de veces conmigo, me dicen que ahora que estoy en la secu tengo más responsabilidades y todo eso... me han dado consejos; puede que ahora diga: 'para qué me lo dicen?' o 'y eso a mi qué?', o simplemente piense que no sirven de nada, pero tengo en cuenta que esas palabras y consejos con muy sabios y me servirán mucho en el futuro.

Bueno pues, ya me despido porque ya no sé qué más escribir, así que por el momento es todo.

PD. Sepan que han hecho muy bien su labor como padres y tal vez ustedes no sean los padres del año, pero en ocasiones se acercan bastante. Los quiero!!!!"

jueves, 10 de noviembre de 2011

Upper Est Side

No sé si han escuchado hablar de una serie que se llama Gossip Girl, es una de mis favoritas. Se trata de la vida de cinco adolescentes pertenecientes a la alta sociedad de Manhattan. Me gusta porque retrata a la perfección, creo yo, cómo es que ellos intentan día con día lidiar con sus propios demonios. Uno pensaría que por ser riquillos tienen la vida solucionada, pero no es así. La mayoría de las veces se sienten solos e incluso llegan a tener más problemas que las personas comunes y corrientes.

Por ejemplo, Chuck Bass (mi amor platónico), es tan pobre que lo único que tiene es dinero. Su padre siempre lo rechazó y le hizo creer que su madre había fallecido por su culpa. Por esta razón, él fue creciendo haciendo siempre lo que quiso, no tenía límites, andaba con una chava y con otra, sin importarle si hería sus sentimientos o no. Cuando por fin decidió aceptar que había encontrado al amor de su vida, Blair Waldorf,  y estaba decidido a cambiar su forma de ser, por ser digno de ella, cayó de nuevo en la tentación y la engañó. A pesar de eso, ella lo perdonó. ¡Vaya! eso sí que era amor del bueno.

Lamentablemente, hasta el capítulo de ayer, se separaron. No porque Blair quisiera, lo que sucedió fue que, cuando él la engañó, ella se fue a París para olvidar sus penas y ahí conoció al Príncipe de Mónaco, Louis, quien, desde que la vio, se enamoró de ella. Esa historia quedó en stand by, porque como ya dije, lo suyo con Chuck era verdadero. Cuando Blair regresó a Nueva York, Chuck hizo todo lo que estuvo en sus manos por que regresaran. Todo iba a la perfección, pero él sabía que a la larga terminaría lastimándola.

De pronto, en un día de crisis de amor, llega a Manhattan Louis. Comienza a salir con Blair. Chuck se entera y ambos comienzan a luchar por el amor de ella. En este punto, yo apostaba que de nuevo el amor de C y B triunfaría y no me equivocaba, ellos seguían enamorados, pero C decidió terminar la relación para que ella pudiera vivir el cuento de hadas que siempre quiso.

Así es, Chuck Bass sacrificó su amor y, a pesar de que Blair quería seguir con él, estaba conciente de que en algún momento de sus vidas, él volvería a hacerle daño y, tal vez, sería irremediable. Por esto, ella decide darse una oportunidad con su príncipe.

Chuck queda destrozado, comienza a no sentir absolutamente nada. Paga para que lo golpeen, se va a los estudios de filmación a "trabajar" como doble en las películas y realizarlas escenas de alto riesgo para sentir algo, pero ni eso funcionaba. Dejó de sentir cualquier emoción.

Mientras tanto, Blair y Louis están a punto de casarse. Ella descubre que está embarazada, pero no sabe quién es el padre del bebé. Va al médico, le entregan los resultados y le aterra conocer la verdad. Así que decide ir a hablar con Chuck para decirle que está esperando un bebé de Louis, pero que en el fondo ella deseaba que fuera de él. Sale del apartamento y Chuck comienza a llorar (y yo junto con él)

domingo, 6 de noviembre de 2011

Bitácora de los tres días más difíciles de mi vida

En este momento mi pobre cuerpo está como la URSS en 1991, o sea, al borde del colapso. Es que creo que la semana que está por comenzar será una de las más difíciles para mi, comenzando con el día de mañana, lunes, cuando a las 7:30 de la mañana me toque exponer sobre la Limitación de las Armas Nucleares, para ser exacta, me tocaron los temas: Pláticas sobre la Reducción de Armas Estratégicas y Reducción de Armas Ofensivas. La verdad no son temas tan complicados, porque tengo una idea de lo que tratan, lo malo es que manejan muchas cifras y nombre de armas como: cohetes balísticos intercontinentales, etc., sinceramente no soy buena para eso de los números, pero juro que haré mi mejor esfuerzo porque la expo salga de lujo. O sea, prometo que si sale mal, me lanzaré del primer escalón de las escaleras del edificio B; porque no salí en todo el fin de semana por estar preparando la dichosa presentación. Pero, bueno, por primera vez en mi vida trataré de ser positiva.

Otra cosa que también me ha estado robando el sueño es el examen oral de francés, sí, ese que deben presentar los alumnos de Posesión IV. Será el martes. Siendo sincera, creo que mi pronunicación no es tan mala, lo único malo es que mi vocabulario es bastante pobre y , bueno, a eso le sumo que cuando me pongo nerviosa, me paralizo... ¡vaya, qué buena combinación!. Me obligaré a ponerme a estudiar, a tenerme más confianza en mí misma para que logré pasarlo, porque la verdad no quiero que dos años se vayan a la basura nada más por el hecho de no poder controlar mis nervios.

El miércoles tendré que exponer de nuevo, ésta vez sobre las relaciones de México con la India durante el periodo de 1962. Para ésta, el profesor nos pidió que fuéramos a investigar al Archivo Diplomático (sí, creo que así se llama. Es el que está por Tlatelolco). Cuando fuimos, mi equipo y yo, no encontramos nada de lo que se nos pidió. Y es que, sino mal recuerdo, el profesor nos dijo algo así como: "En la lectura concluye que nunca hubo nada, pero yo los mando para que investiguen y me digan si en realidad no hubo nada". Así que por ese lado no me preocupo tanto.

En fin, creo que pasando del miércoles ya me sentiré un poco más relajada. Aunque es necesario que me ponga a trabajar en los mil ocho mil trabajos finales que tengo que entregar, sino, a la mera hora voya estar sufriendo y lo peor es que pareceré zombie por no haber dormido lo suficiente.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Niña bonita

¿Que si lo recuerdo?, ¡claro que lo recuerdo! es imposible olvidar aquél helado con el sabor más triste que he probado en toda mi vida.

Sabía que algo anda mal desde la última vez que te vi, había algo raro en tí, en tu mirada. Ya no eras aquella persona risueña que yo conocí y a quien tanto amaba. Creí que estabas molesto o que simplemente habías tenido un mal día. No recuerdo con exactitud nuestra última conversación: sólo recuerdo que regresé a mi casa. Eso fue todo, posteriormente partiste. No pude decirte adiós.

Los flash backs son muy borrosos en mi mente, no sé dónde estaba yo exactamente en el momento de tu partida, no sé qué era lo que estaba haciendo, no entiendo qué pudo haber sido tan importante como para no salir y decirte: "Adiós, no tardes que aquí te estaré esperando".

Pasó el tiempo y no volvías, eso era raro. Yo rezaba porque se me permitiera volver a verte, a abrazarte, a escucharte decir: "Mi niña bonita". De pronto, un día sonó el teléfono. Tenía el presentimiento de que esa llamada tenía que ver contigo y no me equivocaba. Creí que por fin podría escuchar esas palabras que hacía tantos días esperaba: "Ya voy de regreso a la casa mi niña bonita", pero no fue así. En lugar de eso, recibí una noticia que me cayó como balde de agua fría.

Escuchar que ya nunca más volverías, me partió el corazón. No puedo siquiera explicar cómo me sentí. No lo podía creer, no lo quería creer. Debía haber algún error. Se hizo un silencio, corrí a mi habitación, subí a mi cama, saqué la foto que guardaba debajo de mi almohada desde aquel día que te fuiste, sí, esa donde estábamos tu y yo. Quise llorar, gritar de rabia, de impotencia, reclamar, sacar de alguna manera ese sentimiento que hacía que me sintiera al borde del desmayo. Era inútil, nada de eso iba a hacer que volvieras a mi lado. Al final sucumbí ante el dolor, poco a poco lágrimas silenciosas cayeron por mis mejillas.

Tocaron a mi puerta, no quise abrir. Lentamente, ella giró la perilla y abrió. Entró. Me dijo que me tranquilizara, que todo iba a estar bien, que había sido lo mejor para ti pero, ¿qué iba a saber ella?. No respondí, es más, hice como si no la escuchara. Al final, agachó la cabeza y salió. Al poco rato decidí bajar de mi cama, me limpié la cara y salí a enfrentar al mundo. No quería ni que me abrazaran, ni que me dijeran nada. Quería estar sola pero, a la vez, acompañada por si el dolor comenzaba a causar estragos en mi.

Las horas se me hicieron eternas y, como es costumbre en estos casos, fui a darte el último adiós. Justo ese que no pude darte en ese momento. Parecías dormir. Tenías un semblante sereno. Al verte ahí, repentinamente brotaron de mis ojos pequeñas gotas de tristeza, pero claro, dejara de ser una orgullosa Palomino para que me vieran llorar, así que las sequé antes de que lo notaran. Enjugué mis lágrimas y en silencio me despedí. A las pocas semanas, llevamos tu cajita a la que se convirtió en tu última morada. No podía entender cómo fue que tantos años de alegrías, risas, sueños, abrazos, palabras de aliento, cupieran en un lugar tan pequeñito.

Debo confesar que, a pesar de que ya pasaron varios años, aún sigo volteando a aquella banquita donde me esperabas todos los días; estabas ahí sentadito esperando verme llegar para cargar mi mochila. A veces volteo a la acera de enfrente para ver si te encuentro tomando el sol como solías hacerlo o, simplemente, levanto la vista hacia aquellas escaleras que quedaron tan solas después de tu partida.

Todo sigue ahí, pero haces falta tú. No hay día que no me pregunte qué estarás haciendo, si pensarás en mi. Me haces mucha falta. Eras la primera persona que se daba cuenta cuando algo andaba mal conmigo; me preguntabas: "¿qué tienes mi niña bonita?, se ven tus ojitos tristes".

Extraño escuchar tu voz, es más, hasta tu olor a delicados es extrañable, tu risa, tu chiflido que me dio el apodo de pichu-pichu.

En noches como ésta, vienen a mi memoria los días en los que ibas a recogerme al kinder, los fines de semana cuando salía contigo y me llevabas a pasear, las divertidas idas al mercado. También tengo presente el día de mis XV años, cuando al bailar, me dijiste: "Mi niña bonita, te ves preciosa. Disfruta mucho este día. Estoy muy orgulloso de ti".

Como ya dije, te extraño. Pero me consuela saber que en algún momento nos encontraremos de nuevo. Te voy a abrazar y estoy segura que me dirás: "Mi niña bonita, yo también te extrañé". Pero mientras eso sucede, seguiré con la ilusión de encontrarte sólo en mis sueños.

domingo, 30 de octubre de 2011

La Feria

¿En algún momento de sus vidas les ha pasado que sienten que ya encontraron ese lugar en el mundo al cual pertenecen?. Bueno, pues yo creía haber encontrado mi sitio, pero tuve que decir adiós. La verdad me dio mucha tristeza, extraño mucho a mis compañeras de trabajo, a mi supervisor, las caras de emoción de los niños cuando les daba su premio. ¡Vaya!, jamás creí que mi primer trabajo me trajera cosas tan buenas y experiencias tan agradables.

Sentí un hueco en el estómago el día que fui a entregar mi uniforme. Para empezar, había mucha gente afuera esperando entrar y yo, aunque iba vestida de civil, me abrí paso, enseñé mi gafete y, me sentí tan pudiente cuando al preguntarle al bengala si podía pasar, me dijo: Claro, adelante. Todo el mundo se me quedó viendo como diciendo: !Wow¡, esa chica pudo pasar así, tan rápido. Lo que no sabían es que estaba a escasos minutos de que se acabaran mis privilegios. =(

Antes de pasar a base bengala, me di una vuelta por los lockers. En ese instante muchos recuerdos vinieron a mi mente, por ejemplo; cuando Susanita muy amablemente me ofreció su llave para poder guardar mi mochila, o cuando Sandra estuvo a punto de caerse de la silla porque un amarillo la empujó sin querer, etc. Al recordar tantas cosas, me dieron ganas de llorar y comencé a arrepentirme de entregar mis cosas, pero debía hacerlo ya que la empresa lo solicitaba.

Llegó el momento de ir a base bengala. En ese momento, salió una de las personas de Recursos Humanos, me vio y dijo: ¿Renuncia?, con un nudo en la garganta dije: Si. Minutos después me encontraba en la misma banca donde llené mi solicitud de empleo, pero ésta vez, la hoja que tenía enfrente era mi renuncia obligatoria. Casi lloro. Él lo notó y me preguntó el motivo de mi decisión, le respondí que yo había pedido permiso para faltar dos fines de semana debido a que tenía que hacer un viaje a un Congreso (AMEI), que mi supervisor estaba en toda la disposición de darme el permiso, pero que el Gerente no lo autorizó, así que no le quedó de otra que darme de baja y por eso yo me encontraba ahí, firmando los papeles y entregando mi uniforme.

Sinceramente, fue la primera vez que aquel joven me trataba bien, porque casi siempre que iba a RH me regañaba, ya fuera porque llevaba pulseras o mi collar o simplemente porque iba desfajada. Pero cuando vio que en realidad me afligía decir adiós, me empezó a decir que le echara ganas a la escuela, que me deseaba toda la suerte del mundo, incluso me dij que había sido un placer el haber trabajado conmigo.Ante sus palabras mis ganas de llorar se hicieron más fuertes, pero no quería hacer el oso frente a él, así que, sólo respondí un tímido gracias. Así pues, con un fuerte apretón de manos, concluyó nuestra plática.  

Antes de salir, le pedí permiso para pasar a despedirme de mis compañeras y amigas, pero me lo negó. La razón fue que, al haber evento privado, la entrada estaba muy restringida. No me quedó de otra que agachar la cabeza y dirigirme hacia la puerta.

Una vez fuera me encontré a algunas de ellas que iban llegando al segundo turno. Me preguntaron por qué estaba vestida normal y no traía el uniforme, y les conté brevemente la historia. Las abracé, me despedí y les dije que en otra ocasión las iría a visitar. Las dejé seguir su camino y yo seguí el mío.

También pasé a despedirme de Don Jaime, aquel señor que me hizo engordar con las deliciosas tortas de hawaiana y milanesa que siempre me preparaba. Don Jaime me dijo que hacía bien en irme, porque ese no era el lugar adecuado en donde yo podría crecer profesionalmente, que mejor terminara mis estudios y que, posiblemente, más adelante regresaría pero ocupando un puesto más alto. Agradecí sus palabras y le "advertí" que cuando fuera por esos rumbos, pasaría a comer ahí.

Me dirigí hacia la parada del camioncito que me llevaría de regreso al metro. Estaba toda triste por no poder ver a Susanita, creo que ella es la mejor amiga que encontré en ese lugar. Pero, de pronto, la vi caminando hacia el local de Don Jaime y me emocioné, corrí hacia ella y la abracé. Iba con otras dos amigas: Karen y Maribel. Me despedí de las tres, les di las gracias por los buenos y no tan bueno momentos que pasamos.

Debo decir que no soy buena para las despedidas, así que camino a casa, me la pasé recordando todos y cada uno de los momentos que viví en ese lugar, aprendí muchas cosas unas buenas y otras no tanto, hice grandes amigas... En fin, fue una grata experiencia, pero como alguien me dijo, esto sólo es el final de la Feria, pero ya vendrán otras cosas.

martes, 25 de octubre de 2011

Así escribía en la Prepa

Ayer fue día de hacer limpieza en mi habitación, sí, ya sé que el Lunes no es común hacer ese tipo de actividades pero, aproveché la fuga de francés para llegar temprano a mi casa y poder acomodar un poco aquel lugar que sirve como mi sitio de meditación. Bueno, el punto fue que, mientras organizaba un poco los papeles, las copias, los trabajos, etc., me encontré con un cuento que escribí cuando iba en 4º de prepa, lo leí y me dio un poco de risa ver que, con el paso de los años, mi lado romántico no ha desaparecido.

Al leerlo, hubieron algunas palabras e incluso frases, que jamás se me hubiera ocurrido utilizar, así que supongo que la profesora de literatura nos dio una lista de ideas que debíamos incluir en el relato. En fin, me permitiré transcribirlo a continuación:

Era un día muy bonito que André, el chico del cual yo estaba enamorada desde hacía tiempo, me había pedido que fuera su novia y, como era lógico, yo estaba que daba brincos. Pero como en todas las ocasiones, siempre hay algo que opaca la felicidad.

Todo comenzó mientras yo me encontraba a la mitad de una aburridísima clase de mate cuando, de pronto, así como así, André irrumpió en el salón y dijo: "Alexa, ¿quieres ser mi novia?". Ante la impresión a penas pude articular un "claro que sí". Era algo un poco gracioso y a la vez vergonzoso, porque en ese momento era el centro de atención de toda la clase, pero no me importaba.

Salí de aquella clase deseando que no hubiera sido sólo un sueño y, cuál fue mi sorpresa al descubrir que él estaba ahí, afuera del salón, esperándome. Se acercó a mí y me dio un tierno beso. Sus amigos le dijeron que se apresurara o, de lo contrario, llegaría tarde a su clase de Química. Pero, antes de irse, me dijo que me buscaba en la siguiente hora para platicar.

Mis amigos y yo teníamos hora libre en ese momento, así que, decidimos ir al billar que se encontraba justo frente de la escuela. Estabamos esperando a que se desocupara una mesa y, sin querer, escuché la conversación de los chicos que se encontraban delante de nosotros. Uno de ellos decía: ¡qué coraje!, acabo de perder una apuesta. ¿Quién se hubiera imaginado que Alexa le diría que sí a André?. Oír eso, hizo que el corazón me dieron un vuelco, pensé (y deseaba) que había escuchado mal, pero justo cuando vi a Irisi, mi mejor amiga, ella me dijo que primero debía hablar con él y dejar que me explicara.

El tiempo que esperé a que André me buscara se me hizo eterno. Finalmente, salió de su clase y yo estaba ahí parada, esperando escuchar una buena explicación, las lágrimas casi se hacían presentes. AL verme así me preguntó qué era lo que me pasaba y, en ese momento, comenzó mi interrogatorio. Él me dejó hablar y gritar, esperó a que me calmara, se hizo un silencio. Me miró a los ojos y me dijo: "Perdóname. No es lo que piensas, lo que sucede es que desde hace mucho tiempo me gustas, pero no me atrevía a decirte nada por temor a que me rechazaras. Y, lo de la apuesta, es verdad, pero,...". No dejé que terminara de explicarse y salí corriendo.

Corrió tras de mí. Yo estaba demasiado confundida, dolida; no me fijé al atravesar la calle y escuché que alguien gritaba: ¡Cuidadooooo!. Era la voz de André. Volví la vista y, ahí estaba, a escasos centímetros de mi un auto. Cerré los ojos y sentí un fuerte empujón hacia adelante. El exceso de velocidad del conductor impidió una pronta reacción del conductor. Todo pasó tan rápido.

Mi novio permanecía inconsciente, tirado en la acera, sin reacción alguna. Mientras tanto, el escenario del accidente se llenaba de curiosos, todos los alumnos de la Preparatoria 7 que salían de sus clases. Algunos reaccionaron rápidamente y corrieron a notificar a las dirección del plantel.

Posteriormente, dos patrullas de la delegación llegaron a realizar una inspección de los hechos. El automóvil literalmente lo arrolló en la intersección de las dos avenidas y, según los peritos, todo fue por inexperiencia del conductor.

Al llegar la ambulancia, los paramédicos se bajaron y examinaron a André. Aún resuenan en mis oídos sus palabras: "... posible estallamiento de vísceras...". No lo podía creer. Trataban de subirlo a la ambulancia, yo me ofrecí a acompañarlo. Durante el trayecto hacia el hospital, lo veía ahí, en la camilla, inconsciente y lleno de aparatos. No pude evitar sentirme culpable. Si no hubiera sido tan atrabancada, nada de eso hubiera pasado. Pero el hubiera, no existía. Yo iba metida en mis pensamientos y, de repente, alcancé a escuchar que André no llegaría vivo al hospital.

Me acerqué a él y le dije al oído: "Gracias por salvarme la vida y, aunque sé que no es el momento apropiado, quiero decirte que desde hace mucho tiempo estoy enamorada de ti. Te quiero". En ese instante abrió los ojos y me dijo con mucha dificultad: "No tienes nada que agradecer, te amo y daría mi vidapor ti. Y con respecto a la apuesta...". Nuevamente no dejé que terminara de hablar, le di un beso y le dije que eso ya no importaba, que habría tiempo para hablar, que lo importante era que se recuperara y que yo iba a estar con él.

Me sonrió y pidió que tomara su mano, que no lo soltara. Cuando mi mano tocó la suya, la apretó con fuerza y segundos después, de uno de los aparatos provino un terrible sonido. En ese mismo instante me percaté que André me soltaba. Me llené de pánico. Los paramédicos intentaron en vano resucitarlo. André acababa de morir.

Al llegar al hospital, los médicos llamaron a sus padres. Al poco rato llegaron sus amigos y, entre ellos, estaba el chavo de la famosa apuesta, quien se acercó a mi para explicarme. Yo no quería saber nada, pero él me pidió que lo dejara hablar, así que lo escuché. La verdad era que André había apostado que vencería su miedo a mi rechazo. Eso era todo y yo, como una paranoica, creí que él sólo querría jugar con mis sentimientos.

¡Vaya!, creo que antes era un poco más dramática, pero ¿qué le puedo hacer?, siempre me han gustado esas historias de amor en donde, alguno de los protagonistas se va o, en este caso, muere. Creo que soy un poco sádica. En fin, así es como escribía en la Prepa.

domingo, 23 de octubre de 2011

Todo, excepto a ti

A veces siento que no existe la felicidad al 100% digo, la verdad es que ésta semana me han pasado tantas cosas buenas que, creo que por fin terminé de saldar mis deudas con el karma. Pero, no sé si a alguien más le ha sucedido eso de que siente que, a pesar de tener todo lo que siempre buscaba, aún le falta algo importante. Bueno, es precisamente así como me siento en estos momentos. Por fin logré hacer las paces con él, encontré a una persona que llevaba mucho tiempo buscando, encontré la manera de sobrellevar las tareas y trabajos escolares pero, a la vez, siento que perdí a mi gran amigo.

Me invade la tristeza porque era de esos amigos que pensabas que podían durar toda la vida, pero de pronto ocurre algo que hace que esos planes se vengan abajo y, por una u otra razón, terminan separándose. Queda la incertidumbre de no saber si esa amistad podrá o no superar las adversidades. Yo tengo la esperanza de que todo vuelva a la normal después de algún tiempo.

Sinceramente no sé qué fue lo que pasó. Nos recuerdo, hace unas semanas, riendo de las subidas y bajadas que tiene la vida, platicando hasta quedarnos sin voz, en fin, pasándola tan bien como era común cuando estábamos juntos, pero después de un largo viaje, todo cambió.

De hecho, platicando con amigos en común, todos coincidimos en que es él quien ha cambiado. No sé si para bien o para mal. No fue algo de la noche a la mañana, todo comenzó desde el momento en que se enamoró. Me da mucho gusto por él porque parece que, por el momento, encontró a esa persona tan especial que desde hacía tiempo estaba buscando. 

Sin la intención de buscar culpables y, suponiendo sin conceder, me atrevo a decir que es su pareja quien ha estado haciendo que cambie de esa manera. Además ha comenzado a juntarse con personas que, en mi opinión, no son dignas de confianza. Es por esa razón que yo comencé a poner cierta distancia entre él y yo, con la esperanza de que, en algún momento él se acercara a mi. Pero no fue así.

En fin, ¿qué puedo hacer yo?. Sólo lamentarme el hecho de no poder compartir, por el momento, las cosas tan lindas que me ha preparado la vida.

Además, sólo espero que cuando se de cuenta de que la gente que lo aprecia se está alejando de él por su actitud, no sea tarde y aún pueda rescatar una que otra amistad. Y entre ellas, espero estar yo todavía.

jueves, 20 de octubre de 2011

Sueño de una noche de otoño

Hace un par de días volvió a mi vida una persona que creía que ya no estaría más a mi lado. Vaya sorpresa que me llevé cuando, aquella noche, tocó a mi puerta y, con una tímida sonrisa, preguntó: ¿Puedo pasar?. Adelante - dije yo. En ese momento entré en shock, no sabía cómo actuar frente a él. Además, pro su forma de andar y hablar, era evidente que estaba atravesando por una de esas crisis que desde hace varios años se apoderan de él. 

Vengo a platicar contigo, si tu me lo permites - dijo. En ese momento mis manos comenzaron a temblar, sólo le pude decir: Claro, ¿en qué puedo ayudarte?. Se notaba que para él tampoco estaba resultando fácil aquel nuevo acercamiento, ya que las primeras palabras que salieron de su boca se atropellaban y no era precisamente por aquella crisis. Le dije que se tranquilizara, que no había problema, que ya había superado los acontecimientos del pasado y que podía hablar con calma. Eso le ayudó bastante ya que se mostró más relajado y la conversación comenzó a fluir.

Debo confesar que tuve sentimientos encontrados, por una parte me sentí bastante bien por el hecho de saber que después de tanto tiempo y de tantas cosas que pasaron, él tuvo la intención de restablecer relaciones diplomáticas (ya salió la internacionalista que llevo dentro) a pesar de que no sabía cómo reaccionaría yo, pero por otra, me dio mucha tristeza e impotencia verlo en ese estado, no era el que yo había conocido; a pesar de que estaba un poco más marcado por el ejercicio, su cara se notaba demacrada, tenía ojeras, en sus ojos se veían rojos debido a que había estado llorando.

Dejando de lado lo feo y doloroso, fue increíble darme cuenta de que sólo bastaron unos minutos para volver a ser los de antes; aquellas dos personas que se llevaban tan bien, que se ponían a reír, que se contaban secretos, fue como si el tiempo no hubiera pasado. Y bueno, ni qué decir de cómo me sentí cuando, al despedirse, me dio un fuerte abrazo y un beso, al tiempo que me decía: Te quiero mucho.

Como dije, eso sucedió hace un par de días, pero lo mejor es que a partir de ese momento, él se ha vuelto a aparecer por aquí para contarme lo que ha sucedido en su vida a lo largo de todo este tiempo que duramos separados, eso me ha servido para volverlo a conocer y, el hecho de descubrir que sigue siendo ese ser maravilloso que yo tanto admiraba, me da mucho gusto. Yo, por el contrario, no le he platicado tantas cosas sobre mí, ya que, como bien se lo advertí, soy una persona de pocas palabras.

Aunque, siendo sincera, debo decir que tengo miedo. Sí, miedo de que cuando pase ésta etapa, él se vuelva a ausentar. Y que en algún momento de mi vida, cuando yo recuerde esto, me parezca que solo fue el sueño de una noche otoño, aquel que muy en el fondo siempre quise que se hiciera realidad durante casi seis años.

sábado, 15 de octubre de 2011

Adiós al Paraíso

Estoy a unas horas de subirme al camión que me regresará a la Ciudad de México =(, sí es bastante triste, es que después de haber pasado una semana entre el mar, el sol, la arena, alberca y uno que otro trago coqueto... pues la verdad es que uno se acostumbra a la buena vida.

El clima de Cancún estuvo ¡perfecto!, hacía calor pero era bastante soportable. Lo que no me agradó tanto fueron los inconvenientes que hubo durante el check in, o sea, llegamos al hotel como a eso de las 4 de la tarde, pero pudimos acceder a la habitación hasta las 7:30. Todo un caos. Pero bueno, de ahí en fuera todo estuvo de lujo.

Conocer Chichen Itzá fue una grata experiencia al igual que ir a Tulum. Las salidas a los antros, me dejaron muerta, jamás había podido imaginar que eso de estar de fiesta sin perder el glamour fuera tan cansado.

Eso sí, quiero aclarar que no sólo me la pasé socializando ni con-bebiendo, también fui al Congreso. De las cinco conferencias a las que asistí sólo cuatro me gustaron. Aprendí muchas cosas que me hicieron darme cuenta del tema que me gustaría trabajar en mi tesis. Además confirmé el por qué soy fan de Yadis, sinceramente cuando yo sea toda una internacionalista hecha y derecha, quiero ser como ella.

En fin, lo bueno dura poco y será el momento de regresar a la realidad. El lunes tendré que ir de nuevo a la escuela, hacer la tarea, etc. ¡Ah!, se me olvidaba, el clima de Playa del Carmen (lluvioso) no impidió que fueramos de shopping y la pasáramos increíble =)

lunes, 10 de octubre de 2011

Sol, playa y más...

Presiento que ésta semana va a estar intensa, no es porque vaya a tener mucha tarea, exámenes, exposiciones, etc., NO, nada de eso. Me refiero a que es AMEI y, si bien es cierto que empieza el jueves,  los alumnos nos llegamos al lugar unos días antes, ya saben, para poder adaptarnos al clima, es que eso de adaptarse al sol, la playa, las piñas coladas. ¡Caray, pobres de nosotros, cómo vamos a sufrir!.

¡Ah! pero algo sí dejo en claro, yo entraré mínimo dos días a las conferencias, bueno sobretodo porque necesito la constancia, además leí el programa y hay muchos temas interesantes. Y, quién sabe, igual y una de las ponencias me ilumina y hace que escoja mi tema de tesis. Haciendo un paréntesis, el tema del proyecto de investigación me tiene un poco inquieta, no termino de entender qué es lo que quiero, pero bueno, esta semana me relajaré y esperaré a que llegue el momento de inspiración, así tipo el airecito de la Rosa de Guadalupe.

En fin, la semana apenas inicia y yo tengo toda la actitud para que los siguientes días, además de divertirme con mis amigos, también aprenda un poco de algunos temas sobre seguridad nacional, narcotráfico, negociaciones, etc.

viernes, 7 de octubre de 2011

Decisiones

Creo que todo se basa en eso, desde que te levantas hasta que te vas a dormir. Todo empieza con la hora en la que te vas a despertar, llegar o no a la primera hora, la ropa que usarás, lo que desayunarás,  subirte al vagón del metro que está repleto de gente enojada porque se va parando y, una vez que entras, elegir entre irte para el lado derecho o el izquierdo, eso sí, te debes fijar muy bien; ya que pararte en un lugar estratégico puede ser la diferencia entre poder agarrar lugar e irte sentada hasta tu destino o irte parada.

Pues ayer me tocó tomar una decisión que, aunque no fue de vida o muerte,  para mí significaba mucho. Creo que tomé la correcta. Resulta que yo iba dispuesta a renunciar a mi trabajo, sí iba a decir adiós, a es lugar que me ha enseñado tantas cosas en lo que va del año. La verdad no estaba muy segura de lo que iba a hacer, es más, dejé pasar cuatro metros, porque aun no sabía la respuesta.

Llegué como a las 4:20 pm, mis compañeras se sorprendieron de verme ahí, sobretodo porque al ser del turno parcial, mi horario sólo corresponde a fines de semana. Las vi y enseguida supe lo que tenía que hacer. Las saludé y acto seguido me dirigí con mi supervisor. Me saludó tan amable como siempre y me preguntó - ¿qué tienes?, ¿por qué necesitas hablar conmigo?. (Es que el martes le había enviado un mensaje para decirle que el jueves iría a platicar con él).

Le conté la historia de mi vida; que tenía mucha tarea y que, tanto el trabajo como la escuela estaban acabando físicamente conmigo, así que tenía que elegir entre una de las dos, además había un viaje por parte de la escuela y faltaría los siguientes dos fines de semana... Él me escuchó atento y, cuando terminé, me dijo -No te preocupes, te doy un permiso para que no tengas problemas administrativos, lo hago por este fin de semana y el otro-. Lo agradecí, y me retiré.

Al ver de nuevo a mis compañeras y amigas, me sentí bastante bien, es que son de esas personas que siempre te preguntan si estás bien, si te ayudan en algo y cosas como esas. Son muy agradables, lo malo será cuando regrese de AMEI, ya que tendré que volverme partirme en mil para poder sacar adelante tanto la escuela como el trabajo, pero mientras me guste lo que hago, pensaré que tomé la decisión correcta.

miércoles, 5 de octubre de 2011

Juntas de la mano

Fue un 11 de agosto de 2005, cuando aquellos caminos se cruzaron. Pudo ser casualidad o, tal vez, el destino. Sólo sé que es la mejor historia que me ha tocado presenciar, y una de las tantas y tantas que puede contar la Prepa 7.

Resulta que ese año, como es costumbre, se había llevado a acabo el concurso de selección para entrar a la Prepa, y nuestras protagonistas, como eran muy inteligentes, lograron ingresar a la Escuela Nacional Preparatoria 7, Ezequiel A. Chávez. Pero, ya saben cómo es eso, puros trámites una semana antes de iniciarlas clases. Justo ese día, ellas tenían que ir para entregar unos papeles y el recibo de que habían pagado su inscripción. Ambas estaban haciendo fila: Mona se encontraba delante de "La wevo", cada una estaba metida en sus pensamientos.

De pronto, cuando ya sólo faltaban unas cuantas personas para que Mona entrara a dejar sus documentos, se dio cuenta de que no había cortado, lo que parecía ser, un insignificante talón. Batalló tanto la pobre para poder cortarlo, hasta que La wevo, la vio y decidió ayudarla. Como ella era muy precavida, siempre cargaba en su mochila su estuche completo lleno de plumas, colores y hasta un regla, así que la sacó y se la ofreció. Mona sonrió y la tomó, pero su peripecia aun no acababa, ella sola no podía cortarlo, así que La wevo, se solidarizó con ella de nuevo y le ofreció detener sus cosas mientras lo hacía.

Una vez que terminó, le entregó la regla a La wevo y "gracias", acompañado de esa sonrisa que siempre la ha caracterizado. La wevo le devolvió la sonrisa y vio como se alejaba porque ya era su turno de pasar. Al poco rato, Mona salió de aquella oficina y caminó hasta perderse de vista. Ahora tocaba el turno de La wevo, a quien enviaron a un salón en donde le dirían cuál sería su grupo y conocería por primera vez a sus compañeros de clase. Ella se dirigió hacia el salón con muchas espectativas, pero jamás se imaginó que ahí se encontraría de nuevo con Mona. Eso la alegró mucho, porque por lo menos vería una cara conocida. De regreso a su casa, La wevo iba pensando que había encontrado a una persona que podría ser su amiga, y no se equivocaba. Al llegar a su casa, le contó a su mamá lo que había sucedido horas antes.

Pasaron los días, y por fin llegó el momento esperado. El primer día de clases. Era oficial, ya era toda una preparatoriana. Sus papás y su hermana la acompañaron a la puerta de la escuela, pero La wevo no quería entrar, se sentía fuera de lugar, a todos los veía más grandes y eso le dio miedo. Tenía ganas de regresar a su casa o, simplemente de volver a cruzar la puerta del IVC donde, hasta ese momento, había conocido a sus mejores amigos. Tan decidida estaba a no entrar, que su mamá se vio en la necesidad de tomarla del brazo y obligarla a ingresar.

¡Pobre wevo!, estaba muy asustada, ni siquiera sabía donde quedaba el salón donde tendría la primera clase que era Literatura. Estuvo caminando por los pasillos sin rumbo fijo, veía en las jardineras a los grupitos de amigos que platicaban muy animados, mientras ella estaba ahí, sola y sin saber a dónde ir. De pronto, se topó con Mona y otra chica, Chely, quien de inmediato le dijo - ¿Ya sabes dónde queda el salón?, ven, nosotros te llevamos-. La wevo agradeció y las siguió. En el camino la Chely las presentó. -Ella es Mona-, -Ella, es wevo-.

En todo ese día, las tres no se separaron, es más hasta pasaron las horas libres juntas y fueron estafadas cuando un chico con unos ojos hermosos, les vendió (sí, les vendió) una gaceta en cinco pesos. Ellas no pudieron decirle que no. Cuando se enteraron que la gacetas eran gratis, no podían parar de reír. Les habían visto la cara. ¡Qué barbaridad!, en fin, se dirigían a la clase de Mate, cuando de la nada, Mona le dio un gacetazo en la cabeza a wevo. ¡Vaya confiancitas!.

Así comenzaba la historia de una gran amistad, la cual, me da mucho orgullo decir que aun se está escribiendo. Y, a pesar, de que  al principio Mona no sabía ni cómo quitarse de encima a la fastidiosa Wevo, pero aprendió a quererla con sus defectos y virtudes; han pasado seis años, un mes y veinticuatro días (si los cálculos no me fallan) desde que ese insignificante talón las unió. Y aunque no todo ha sido miel sobre hojuelas, han aprendido a tenerse paciencia la una a la otra. Además, lo más interesantes es que, a pesar de ser tan diferentes, ambas se complementan a la perfección. .

Y aunque una vive en la ciudad y la otra en el pueblo, siguen caminando siempre juntas de la mano, por esas calles llenas de baches que tiene la vida .




domingo, 2 de octubre de 2011

Primer hoja de mi historia

No sé si alguna vez les ha pasado que, de pronto, cuando escuchan alguna melodía ésta les recuerda alguna etapa de sus vidas, algo así me ocurrió el día que regresaba de la fiesta de una amiga. No sé si fue porque andaba por los rumbos de la escuela que me vio crecer, o tal vez fue la compañía, o simplemente el hecho de la noche se prestaba para recordar.  Me dirigía a mi casa junto con Gabo, mi amigo de toda la vida, quien muy amablemente se ofreció a darme un aventón.

La plática era muy amena, como siempre, cuando de repente él comenzó a tararear una canción que hacía más de siete años yo no escuchaba. Me sorprendí cuando comencé a entornarla, ya que jamás creí acordarme de aquella letra. Fue como si hiciéramos un viaje en el tiempo. Él se orilló y se estacionó justo en frente de la escuela que nos vio crecer a ambos. Comenzamos a platicar sobre aquellos años en los que, tras esas puertas, vivimos nuestra infancia.

- ¿Recuerdas cuando hacíamos honores a la bandera?- le pregunté, a lo que él respondió -¡Claro, cómo olvidar esos lunes!, cuando mi mamá me advertía que, si volvía a llegar mugroso, me castigaría sin ver Los Simpsons-. Nos echamos a reír, y es que eso no sólo le ocurría a él, ya que mi mamá también me advertía lo mismo, pero es que a quién se le habría ocurrido que unos niños de 4 años fueran vestidos de blanco los lunes y, peor aún, qué mamá podía confiar en que sus hijos no se iban a arrastrar por todo el piso de Cantos y Juegos.

En fin, comentamos sobre la Miss Coco; a quien los dos le debemos todo lo que sabemos de inglés, sobre los festivales de la escuela; cuando bailamos el Ratón Vaquero o cuando presentamos la obra de Almendrita en la que, por supuesto, yo fui la protagonista. La plática se extendió hasta la época en que cursábamos la primaria, yo me cambié de escuela, pero no por mucho tiempo, ya que para tercero regresé. Le comenté que me dio mucho gusto encontrar a la mayoría de nuestros compañeros aun, portando orgullosos los colores rojo y gris del uniforme. Éramos un grupo tan unido, todos nos conocíamos desde pequeños.

Pero claro, los pensamientos van cambiando y las amistades también, por eso cuando conversábamos sobre la secundaria, me dolió mucho recordar que fue justo ahí cuando nuestro grupo tan unido se había roto. Muchos se cambiaron de escuela y les perdimos la pista, mientras que los pocos que quedamos, nos separamos porque ya no teníamos cosas en común. Se hizo un silencio.

Los dos estábamos perdidos en nuestros pensamientos, cada quien reflexionando sobre esos años, cuando sonó mi celular. Era mi mamá, llamaba para preguntarme si tardaría mucho en llegar porque ella ya tenía sueño y quería saber si traía llaves. Miré mi reloj, habían pasado casi tres horas desde que la fiesta había terminado.  Gabo puso en marcha su auto. Y en mi mente sólo sonaba aquella melodía que hacía que se me pusiera chinita la piel.

Con la luz de las estrellas y el aroma de las flores, con canciones las más bellas de los pájaros cantores. Con azul de limpios cielos y el verdor de las praderas, con frescor de los riachuelos en las tibias primaveras. Daré un alma a la fragancia que me inspira tu memoria. Jardincito de mi infancia, primer hoja de mi historia.

martes, 27 de septiembre de 2011

Rompecabezas

"A veces parece que puedes entenderme, y el mundo se mueve más rápido y mejor, es un colador mi corazón de tanto agujero que has logrado abrir, picando en mi como pájaro carpintero". El otro día estaba escuchando esa canción y me di cuenta que es lo que me pasa muy seguido. Cuando entienden mis sentimientos, me siento bastante bien, mi mundo deja de estar de cabeza, pero lo malo es que sólo basta una palabra, un gesto o algún desplante, para que todo se torne diferente y de nuevo me encuentre en la misma etapa: depresión. Quizá soy muy sensible.

La verdad es que ya hasta pena me da que me vean así. Incluso siento que ya le doy flojera a la gente cuando me pregunta - ¿qué tienes?- y yo les respondo lo de siempre. En fin, por eso de ahora en adelante creo que deberé aprender a esconder mis sentimientos, para que así, sólo las personas que realmente me conozcan sepan lo que me sucede.

De nuevo el tiempo ha pasado rápido, parece que fue ayer cuando tuve la última recaída. Pero como no hay fecha que no llegue y plazo que no se cumpla, el tiempo de duelo ha concluido, las cosas poco a poco regresan a la normalidad.

Esta vez fue diferente, me sentía como un rompecabezas hecha mujer. En efecto, conservaba aun mi cabeza, mis brazos, mis manos, mi torso y mis piernas, etc., pero mi mente y, sobretodo, mi corazón, estaban en otro lugar. Mi cuerpo sabía que algo no estaba bien conmigo y no sé de dónde, pero sacó las fueras necesarias para que pudiera seguir con vida en mi estado zombie.

Pero como ya lo mencioné, el plazo llegó a su fin. Ahora siento que poco a poco las piezas de este rompecabezas comienzan a tomar su lugar y todo se acomoda a mi favor. Todo lo que pasó quedará como uan experiencia más de vida.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Sueños

-Tienes que decidirte, se agota el tiempo- decía una voz en mi cabeza, mientras me acercaba a toda velocidad hacia un camino con dos vertientes. Estaba desesperada, me iban persiguiendo y aun no sabía que camino tomar, debía decidirme o dejar que me atraparan. La segunda no era opción, así que me dirigí hacia el que se veía mejor, pero de pronto la voz de mi cabeza sonó amenazante cuando dijo -Recuerda que a veces el camino fácil no es el correcto-. Tenía mucha razón, pero a mi siempre me habían gustado las cosas fáciles, así que luche contra mi conciencia y traté de dirigirme al camino que yo había escogido. Ocurrió algo muy raro, mis piernas no respondían, era como si tuvieran vida propia y me estaban llevando hacia lugar opuesto, no me quedó de otra más que obedecer.

Increíblemente, al entrar en aquel lugar, el miedo no me invadió, al contrario sentí mucha paz como si supiera que estaba haciendo lo correcto. Esa oscuridad que al principio me había dado mala espina, ahora me hacía sentir como en casa. Todo comenzó a iluminarse con pequeñas lucecitas fosforescentes, como si fueran luciérnagas que estuvieran aguardando el momento apropiado para alumbrar el camino. De pronto, comencé a escuchar voces que me resultaron muy familiares; una de ellas dijo - La negrita ya se tardó demasiado, hace 10 minutos que debió haber entrado-. Era la voz de mi abuelito. Mi corazón dio un brinco, hacía tanto tiempo que ansiaba escuchar esa voz. Grité -Abu, ¿eres tú?, ¿dónde estás?, no logro verte. -Por aquí hija, te estamos esperando, sigue caminando y pronto nos encotraremos-, respondió otra voz que a pesar de sonarme familiar, no lograba identificar. Inmediatamente puse a trabajar a mi ardilla, obligándorme a recordar de quién era esa voz. Cuando me cayó el veinte, apresuré el paso, necesitaba comprobar que era cierto, que mi memoria auditiva no me engañaba.

Al llegar al sitio de donde provenían las voces,sentí que mis ojos ardían. Tal vez porque había llegado a un lugar con un gran resplandor y yo había pasado tiempo en la oscuridad, que mis ojos se acostumbraron a no recibir luz. Traté de abrirlos poco a poco. 

A unos cuantos pasos los vi, los dos estaban ahí parados con los brazos abiertos hacia mi. No lo podía creer, ¡eran ellos!. ¡Mis abuelitos!. No pude contener el llanto, hacía mucho que no los veía. Los extrañaba. Me acerqué a ellos y ambos me abrazoron y besaron. Fue un hermoso momento.

Estaba a punto de decirles lo que había pasado en mi vida durante su ausencia, cuando sonó el despertador.  En ese momento me dieron ganas de llamarles y verlos, me levanté de la cama para tomar el teléfono e, inesperadamente, caí en la cuenta de que todo había sido un bello sueño. Sólo bastó con voltear a la mesita de centro para ver aquella foto y aquella cajita tan pequeña en donde se guardaron para siempre tantos años de sabiduría, recuerdos y afecto.

Bien dice Freud, que los sueños son el reflejo de los deseos más ocultos del ser humano.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Monólogo de la Belleza

Hoy me considero una persona bella, tanto externa como internamente. Creo que la más importante es la segunda, porque es tu esencia, no sé si me explico. A ver, se supone que debes aprender a proyectarla, eso te puede llevar años y años de práctica, pero al final el resultado será increíble (yo bien optimista). Me imagino que cuando ya por fin uno a descubierto cómo explotarla, sale un gran resplandor de tu interior que hace que todos los que te vean se queden perplejos. Hagan de cuenta que están sentados pensando en la inmortalidad del cangrejo y de pronto ¡zaaaaz! pasa una chica o un chico lleno de una luz tan radiante que hace que forzosamente la o lo volteen a ver y digan -¡wow!, ¿viste eso?, ¡se están cayendo los ángeles del cielo!-. Bueno igual mi ejemplo no es el mejor, pero por lo menos se dieron una idea de cómo lo imagino.

Una vez que los demás notan ese resplandor, es muy fácil hacer que la apariencia física sea perfecta, la verdad es que son simples detalles (ándale con la experta), no, la verdad es que no soy una experta, pero he ido aprendiendo poco a poco.

Pasando a la belleza externa, y no me vengan con que "el físico no importa, claro que importa, igual y no es lo esencial pero a ver a quién no le gustan unos ojos expresivos; grandes, pequeños, de color, una nariz perfecta; grande o pequeña, respingada o aguileña, unos labios antojables; grueso o delgados, unas manos bien cuidadas que cuando te toquen te hagan sentir en las nubes, en fin, en gustos se rompen géneros. Hay a quienes les gustan las personas muy delgadas, a otros los gordibuenos y a unos más, pasados de tamales, en fin, cada quien con su cada cual.

El secreto aquí es que antes de preguntarte cuál es el peyoyo (dícese de la parte de tu cuerpo que más le gusta a los demás), debes preguntarte cuál es tu yoyopo (aquella parte de tu cuerpo que más te gusta a ti), ya que es precisamente eso a lo que le puedes sacar provecho. El chiste es que primero te gustes tú, ya después te preocupas por agradarle a los demás, porque, de qué sirve tratar que verte bien para los demás si a ti no te gusta cómo te ves.

Algo clave, también, es la seguridad. Porque puedes ser bella interior o exteriormente, puedes aprovechar el peyoyo y el yoyopo, pero sino tienes seguridad, ¡olvídate!. En este tema sí soy un poco experta, la verdad es que la mayoría de las veces soy muy insegura, pero otras, nadie ni nada me detiene. =) Debemos ser seguros de nosotros mismos, de conocer bien nuestros defectos y nuestras virtudes.

En conclusión, como internacionalista puedo decir... no, ya enserio, en mi caso, los mejores días que he tenido son cuando logró hacer que irradie mi belleza interna, por lo tanto hacer aparecer mi belleza externa resulta sencillo, y bueno, cuando la mezclo con la seguridad, han sucedido cosas increíbles. Aunque también debo decir que existe una gran diferencia entre tener mucha seguridad y tener un ataque de ego. Este último sino se sabe controlar, puede traer serios problemas ya que los demás podrían  alejarse de ti cuando descubran que el único tema de conversación eres tú y sólo tú. En pocas palabras, todo en exceso es malo, por eso todo debe ser con medida.

Hasta aquí el monólogo de hoy, nos vemos la semana que viene con más temas. =) Me despido deseándoles una linda noche y si tienen blog, ahí nos leemos.

domingo, 18 de septiembre de 2011

Una semana de aquellas...

¡Vaya!, me parece que fue ayer cuando me preparaba para irme a trabajar. Llevaba una gran maleta en donde había guardado mi ropa para la fiesta, mi pijama, mi cepillo de dientes, una cobijita, en fin, todas esas cosas que necesita una chica para irse a quedar a casa de una de sus amigas después de ir al antro.

Terminamos de trabajar a las 7 de la noche, nos apresuramos a bajar las cortinas, cerrar los inventarios, etc. De pronto Susy dijo - ¡Hey niñas!, apúrense porque los camiones tienen que salir a más tardar a las 8:15, para estar allá a las 9. Todas nos pusimos como locas y, es que no me dejaran mentir; las mujeres no pueden arreglarse para ir de antro en menos de una hora. Pero bueno, no sé cómo le hicimos para quedar listas en un tiempo récord de 45 minutos. Exactamente, a las 8 estábamos abordando uno de los camiones, pero no sirvió de nada, porque terminaron saliendo hasta las 9 de la noche. Yo no sé por qué nos apuraron, si de todas formas, el itinerario se retrasó casi una hora.

Llegamos al lugar de la fiesta a las 9:45. Nos tuvieron afuera esperando a que acomodaran todo. Nosotras estábamos muy molestas, ya nos habíamos cansado de estar paradas haciendo fila y, lo peor, ¡en tacones!. Aún no bailábamos y ya nos queríamos quitar los zapatos. Los niños estaban que se morían de la risa. Bueno, el punto fue que entramos al Classico (el antro) como a eso de las 11 de la noche.

Nos regalaron playera negras con la leyenda "Somos el corazón de la Feria y juntos hacemos la magia". Teníamos que entrar con ellas puestas. Una vez que llegamos a nuestros asientos, nos pidieron que comenzaramos a echar nuestra porra y al grito de "Vamos, vamos destreza que ésta noche venimos a bailar, porque somos, somos estrellas y ésta noche tenemos que brillar", la cámara se acercó a nosotras, nos mostró en las pantallas y cada una se veía orgullosa de pertenecer al Área Naranja. Después se hizo en silencio para la ceremonia de premiación de los empleados del mes y los reconocimientos para las personas que llevan trabajando ahí una década. Al término de esto la música se hizo presente y todos comenzamos a bailar y a festejar una temporada de verano más.

La fiesta acabó como a las 4 de la mañana, y después de una larga peregrinación, llegué a casa 5:30, justo a la hora que despierta papá para meterse a bañar. Se impresionó al verle llegar, porque creía que me quedaría dormir en casa de Reyna, pero no fue así. Preguntó si iría a la escuela y respondí que sí, pero que primero dormiría mínimo dos horas, es que tenía que demostrarle que soy responsable para que así, me deje salir más seguido los domingos en la noche. =)

El martes amanecía sintiéndome muy mal, fue de esos días en los que hasta te duele el cabello y las uñas, no quería ir a la escuela pero tenía que entregarle unas copias a mi amiga Fabi, así que con malestar y todo me dirigí a la escuela. Me forcé a llegar con vida a la tercera hora, y después de eso decidí que sería mejor regresar a mi casa. Llegué, me recosté un rato y cuando llegó mamá me dio uno de esos abrazos que sólo las mamás saben dar, aunque no me alivió del todo, sí me hizo sentir mejor. Después de eso, tuve que comenzar a adelantar mi tarea ya que, fui de las pocas personas que no iba a poder disfrutar del >>super<< puente. Tenía que trabajar desde el jueves.

Miércoles,ya me sentía mucho mejor. Sólo fui a la escuela a hacer como veinte mil exámenes de francés. Al llegar, mamá me llevó de >>shopping<< porque no tenía ropa para ir a trabajar el jueves. Me compró un trajecito bastante lindo.

El jueves fue el "gran" día, fui a trabajar en un evento del gobierno, por eso necesitaba ropa elegante. Llegué  junto con unos amigos a un lugar en el Centro Histórico, a un costado de la Plaza de la Constitución. Tuve "contacto" con gente muy importante, pero a la vez demasiado prepotente, pero en fin, fue una muy buena experiencia. En punto de las 11:30 de la noche, salí de ahí y me dirigí hacia Liverpool, donde me estaban esperando mis papás. Ellos fueron a ver el famoso >>Grito<< y yo aproveché para no regresarme solita a casa.

Llegó el viernes, tuve que ir a trabajar a la Feria. No hubo tanta gente como me había imaginado. Me tocó cerrar. Cuando regresé a mi casa, me puse a platicar con mis papás sobre mi día en el trabajo.

Decidí tomarme el día, el sábado, porque tuve que hacer un examen de África. Lo había olvidado. Además, la familia se reunió en casa para comer el tradicional pozole. Fue una tarde-noche muy amena, todos platicamos y reímos como hacía tiempo no lo hacíamos. Es más, hasta me ayudaron a hacer mi tarea.

Hoy sí tuve que ir a trabajar, me tocó abrir. Mi supervisor llegó un poco tarde para abrir el control y, por lo tanto, tuvimos que apresurarnos para levantar las cortinas y montar los juegos, ya que el parque estaba a punto de abrir sus puertas al público. Hubo mucha gente, mi juego vendió bastante bien, pero también terminé rendida. Susy me pidió que doblara turno, porque muchas compañeras no fueron, con todo el dolor de mi corazón le dije que no, porque la verdad estaba muy cansada.

Llegué directo a recostarme, las piernas me dolía bastante y, es que eso de andar subiendo y bajando a cada rato es bastante cansado. Después recordé que no había escrito en el blog y, la verdad no tenía ni idea de lo que iba a poner. Así que comencé a hacer un recuento de todo lo que pasó ésta semana y lo plasmé. ¡Caray, todo lo que puede pasar en una semana!

viernes, 16 de septiembre de 2011

OBEDIENCIA

Me puse a recordar cuando era pequeñita, en especial la parte en la que mis papás me trataban de inculcar obediencia. De inmediato, frases como "Mientras vivas bajo mi techo, vas a hacer lo que YO te diga", "Si no te parece, la puerta está muy ancha", "Te callas y haces lo que te pedí", "¿Te mandas sola o qué?" vinieron a mi mente. ¡Caray! cómo olvidar esas palabras tan dulces.

La verdad es que casi toda mi infancia me la pasé >>encerrada<< en mi casa, casi no me dejaban salir a jugar, para todo tenía que pedir permiso, no podía salir sola a la calle, jamás me pude subir a un árbol y tampoco hice pasteles de lodo. Claro que siempre ansiaba ir a casa de mi abue porque ella me llevaba al parque, ella me enseñó a mecerme en el columpio y a aventarme de la resbaladilla, en fin.

Tengo bien presente el último día que salí a jugar con mis vecinitos. Yo tenía seis años, estaba en el patio esperando a unos niños que habían ido a la tienda. En eso, escuché que le gritaron a Karime, una de las niñas que estaba afuera. Me acerqué al zaguán y traté de asomarme por si la veía para decirle que su mamá le llamaba. Sólo encontré a Hugo, otro de los niños, al verlo le dije -Oye...- y el respondió -¿Qué chin*a*** quieres?-. Me sorprendió el escucharlo decir esa palabrota, aún no me recuperaba del >>shock<<, cuando de pronto mi mamá se asomó a la puerta. Lo había escuchado también, ay es que las mamás tienen oídos biónicos. Acto seguido ella me grito -¡Métete en este instante, no voy a permitir que te hablen así. No vuelves a salir a jugar con nadie!-. Lo sé, fue una >>tontería<< pero así era mi mamá.

Al principio creí que la parte de "No vuelves a salir a jugar ..." era algo pasajero pero con el tiempo me di cuenta de que iba bastante enserio. Días, meses, e incluso años, pasaron y yo no salía. Y como es lógico, me volví sangrona y un poco solitaria. Tampoco digo que no tenía amigos, los tenía pero en la escuela, mi mamá me dejaba >>juntarme<< con ellos, porque según ella eran gente bien.

Como decía, me volví un poco solitaria y mis vecinos no ayudaban en mucho, creyeron que me había vuelto rara y poco a poco se alejaron de mi. Claro está que eso no me quitó el sueño porque, a final de cuentas, yo vivía encerrada en mi mundo.

Todo esto lo estoy escribiendo porque, resulta que, después de ocho años de mi vida llegó a la casa Maya. Creí que con ella utilizarían el mismo régimen disciplinario, es más, hasta ya me veía dándole consejos para que evitara meterse en problemas. Pero no fue así, no le tocó ni el mismo papá ni la misma mamá que a mi. Los tiempos cambian.

Ella hacía cosas que yo jamás en la vida me hubiera arriesgado a hacer y nunca vi la que reprendieran como a mi. Esto siempre me ha causado conflicto, no entiendo por qué fue así, acaso creyeron que >>echando a perder se aprende<<. ¿A mi me echaron a perder?.

A pesar de todo, confieso que admiro a Maya. Siempre hace lo que siente, no le importa el qué dirán, en cambio yo, me quedo con ganas de hacer y decir tantas cosas. Y es que a mi me siguen tratando como si aun tuviera seis años. Digo, igual y gracias a eso  soy quien soy y he llegado hasta donde estoy, pero a veces creo que pague un precio bastante alto.

A veces me resulta muy difícil romper reglas, no voy a darme golpes de pecho y a decir que no lo he hecho. Si he roto algunas reglas, no tanto como quisiera, pero sí. Y lo bueno o lo malo es que siempre que lo hago me queda el remordimiento y termino diciéndoles las cosas. Con esto gano o regaños o castigos, pero creo que también gano su confianza.

Ya entrando en confesiones, me queda decir que cada que hago un acto de >>rebeldía<< me siento viva y siento que se llena un poco ese gran vacío que la mayor parte del tiempo siento. No me arrepiento de nada. Bueno sí, me arrepiento de no seguir mis instintos por el miedo a defraudarlos. Y es que, ¿qué puedo hacer, si su forma de inculcarme obediencia fue bastante severa?.

sábado, 10 de septiembre de 2011

Tiempo de Duelo

Fue uno de esos días en los que no tenía ganas de nada, simplemente quería dormir y poder soñar con un mañana sin final. Lo único malo, es que, últimamente el insomnio se apodera de mi. La razón claro que la conozco, pero en fin,  ya llegará el momento de poder descansar.

Justo cuando estaba sintiendo que Morfeo me llamaba a sus brazos, sonó el teléfono. Por un momento consideré la idea de no atender, pero después pensé que podría ser importante, así que traté de desperezarme. Me levanté de la cama y enseguida tropecé con una almohada que había tirado momentos antes. El teléfono seguía timbrando y yo gritaba - sí, ya oí, ahí voy, ¿a caso creen que estoy a lado de teléfono? ¡ash!. ¡Ja!, como si enserio creyera que la persona del otro lado de la línea pudiera escucharme. En fin, respondí con un -¿Diga?, imitando un tono adormilado que, por cierto, me salió a la perfección. El joven que respondió, pareció un poco avergonzado porque su voz sonó un poco bajita -Buenos días, se encuentra...-

Me dispuse a volver a mi cama tan calentita, pero después de pasar una noche más en vela, ya me dolía la espalda, así que mejor me puse a hacer la limpieza de la casa. Me di un break. Me obligué a comer un poco y, algo extraño en mi, tomé una taza de café con gotitas de vainilla. Hasta eso no supo tan mal =).

Entre sorbo y sorbo, me puse a pensar en mil y un cosas, entre ellas, los hechos recientes. Inmediatamente regresó la depresión; lo sabía, era cuestión de tiempo. Quiso salir una gotita de tristeza, pero inmediatamente la combatí. Terminé mi bebida y me dispuse a ver en la televisión una de mis pelis favoritas (excelente, lo que me hacía falta, más drama en mi vida). Terminé llorando, como siempre, es que me conmueve tanto la muerte de Mufasa =(.

Tomé una ducha y, aunque mi deseo era quedarme en pijama todo el día y atiborrarme de chocolates, cuando me vi al espejo decidí otra cosa, o sea, es que ese reflejo no era el mío, estaba pálida y ojerosa. Entonces decidí ponerme un poco de maquillaje, digo, para no parecer un muerto viviente.

Al poco rato llegó mi angelita y me ofreció salir de la casa. Fuimos a dar un paseo por las calles de la ciudad. Al salir de mi guarida, me di cuenta de que había un sol muy radiante (yo juraba que estaba nublado). Hice ese comentario en voz alta y ella sólo me vio, sonrió y me dijo: es normal.

Salimos a la calle, yo iba sumergida en mis pensamientos, pero a lo lejos alcanzaba a escucharla. Se dio cuenta de mi ausencia, me dio mucha pena, pero no le pude debatir cuando me dijo: ¿sigues pensando en lo mismo verdad?, sólo agaché la cabeza y mi vista se nubló un poco. Ella se detuvo y, de una manera bastante seria, me dijo -No me gusta verte así, ¿dónde está mi niña risueña, que se la pasa cantando y diciendo incoherencias? no dejes que algo así te haga olvidar tu esencia, ¿hasta cuándo vas a seguir así?-. No pude responder, tenía un gran nudo en la garganta. De pronto sólo pude decir -lo único que me gustaría saber es ¿por qué?-.

Durante las siguientes dos horas me forcé a seguir el hilo de la conversación para tratar de ocupar mi mente en otras cosas. Lo estaba haciendo bastante bien.

Me dijo que ya le había dado hambre, que pasáramos a comprar algo. Le dije que no tenía apetito, a pesar de que seguía sintiendo un gran vacío en el estómago, eso no quería decir que tuviera hambre. Lo único que le dije fue -tengo ganas de algo dulce-. Ella sólo movió la cabeza y dijo -bueno, ahorita compramos algo-.

Antes de llegar de nuevo a la casa, hicimos una escala técnica en una tienda de listones. Me agarró desprevenida cuando la escuché decirme: mira, te voy a dar tu espacio y tu tiempo para el duelo, pero quiero que sepas que después de ese periodo, ya no te voy a consentir y, hasta me voy a enojar contigo si te vuelvo a ver así, ¿estamos?. Eso me dejó helada, pero a la vez le agradecí.